La movilidad de políticas urbanas constituye, más que un fenómeno empírico acotado, un régimen histórico de producción de saberes, dispositivos y formas de autoridad que han acompañado a la constitución misma del urbanismo como campo transnacional. Estas redes y efectos globales no son un fenómeno reciente. La circulación de ideas, modelos, instrumentos y lenguajes de planificación se inscribe en una duración más extensa en la que se entrelazan genealogías técnicas, proyectos políticos, infraestructuras de conocimientos y economías políticas del desarrollo. Desde los intercambios transatlánticos de los higienistas europeos, los reformadores urbanos norteamericanos y las élites latinoamericanas del siglo XIX, hasta los actuales circuitos de consultorías globales, plataformas digitales y organismos multilaterales, la historia del urbanismo puede leerse como una trama de desplazamientos, traducciones, fricciones y ensamblajes que reconfiguran una y otra vez modos de imaginar, gobernar y materializar la ciudad.

Pensar la movilidad en esos términos implica desplazar la imagen simplificada de un flujo unidireccional desde centros emisores hacia periferias receptoras. Las políticas urbanas viajan menos como paquetes cerrados o como repertorios normativos estables que como artefactos sociotécnicos compuestos por ideas, metodologías, instrumentos, dispositivos materiales, lenguajes profesionales, redes institucionales y trayectorias biográficas. Cada traslado activa operaciones de traducción, recontextualización y negociación que alteran tanto el contenido de las políticas como las ecologías institucionales que las alojan y los espacios mismos sobre los cuales buscan intervenir. La movilidad trasciende el desplazamiento espacial para proyectarse como práctica sociocultural que redistribuye autoridad, reconfigura jerarquías, produce nuevas formas de legitimidad y redefine los centros del campo urbanístico.

En América Latina, estas dinámicas despliegan capas históricas específicas que complejizan cualquier lectura lineal. Desde las primeras décadas del siglo XX, la región participó activamente de los circuitos internacionales de planificación a través de los congresos panamericanos, las misiones técnicas, los intercambios con urbanistas europeos y la temprana institucionalización de oficinas de obras públicas y urbanismo en ciudades capitales como Buenos Aires, Río de Janeiro, Montevideo, Santiago y Bogotá. La circulación de ideas higienistas, de planes de ensanche, de principios de zonificación, de expansión del verde y de horizontes modernizadores se entrelazó con proyectos de consolidación estatal, con la profesionalización de las burocracias técnicas y la emergencia de nuevas formas de gobierno urbano. Sin embargo, es en el período de posguerra cuando la movilidad de políticas urbanas adquiere mayor densidad institucional y una escala transnacional inéditas. La creación de organismos como CEPAL, OEA, BID, UNESCO y, especialmente, la SIAP y el CINVA, generaron un entramado que articuló saberes técnicos, agendas de desarrollo, financiamiento internacional y programas de asistencia técnica. En ese contexto, la planificación integral de la vivienda social, la reforma administrativa, la racionalización burocrática y la modernización se convirtieron en fragmentos de una lengua franca que circuló por la región, adoptando las inflexiones y mediaciones de cursos, manuales, misiones de expertos, convenios bilaterales y redes profesionales.

Estas movilidades se distanciaron de la homogeneidad y la progresión lineal. Cada país, cada ciudad y cada institución produjeron traducciones específicas que respondieron a disputas políticas internas, tensiones territoriales, intereses empresariales y trayectorias profesionales particulares. La historia de estas circulaciones revela la centralidad de actores multiposicionados -profesores que eran funcionarios, consultores que eran profesores, funcionarios que integraban redes religiosas o empresariales- cuya capacidad de articular mundos heterogéneos resultó decisiva para la productividad local de los modelos globales. Figuras como Jorge Hardoy, Orlando Fals Borda, Josephina Albano o Ernesto Vautier encarnan estas situaciones híbridas, donde la movilidad implica, además de desplazamientos geográficos, una capacidad operativa en diversos ámbitos institucionales y epistemológicos. Estas movilidades pluridimensionales funcionaron como un régimen de intermediación en el que algunos actores, redes e instituciones adquieren la capacidad de traducir, modular y estabilizar modelos en contextos específicos.

A partir de los años sesenta y ochenta, con la crisis del desarrollismo, la reestructuración neoliberal y la descentralización estatal, las movilidades de políticas urbanas se transformaron. Nuevos actores -consultoras globales, fundaciones filantrópicas, think tanks, redes de ciudades y ONG transnacionales- comenzaron a disputar el terreno antes dominado por los organismos multilaterales y las burocracias nacionales. La circulación de políticas de transporte, movilidad sustentable, gestión metropolitana, participación ciudadana, regeneración urbana, smart cities, ciudades verdes se intensificó mediante repertorios estandarizados como manuales, rankings, certificaciones, plataformas web, turismo de políticas urbanas, redes sociales y eventos internacionales. En América Latina, estos procesos convivieron con trayectorias históricas, memorias institucionales y disputas territoriales, produciendo ensamblajes donde lo global y lo local trazan un espacio de tensión, asociación y diferenciación.

La movilidad contemporánea de políticas urbanas se caracteriza además por la importancia creciente de los dispositivos sociomateriales que intermedian en los desplazamientos. Revistas especializadas, sitios web, redes sociales, bases de datos, manuales técnicos, plataformas de intercambio y repositorios digitales se han convertido en infraestructuras fundamentales para la circulación de ideas y modelos. Estos dispositivos facilitan el diseño de contenidos y producen efectos performativos sobre lo que se considera innovación, buenas prácticas, políticas exitosas. La movilidad, en este sentido, es un campo de disputa en el que se definen agendas, se legitiman saberes, se establecen rankings de ciudades, instituciones y expertos/as. Ahora bien, la centralidad de estos dispositivos no implica que todo circule con la misma intensidad ni en las mismas direcciones. Así como ciertas políticas, modelos y actores se mueven velozmente, otros permanecen inmovilizados. Esto no refiere a características intrínsecas a las iniciativas urbanísticas, sino a la capacidad de asociarse a redes e instituciones que cuenten con recursos para movilizarlas. Dicho en otros términos, la movilidad de políticas está atravesada por, a la vez que genera, asimetrías de poder.

Aunque las valoraciones al respecto sean heterogéneas, en las últimas dos décadas la circulación de modelos urbanos en América Latina ha incorporado una creciente presencia de técnicos/as, expertos/as, iniciativas y modelos urbanos producidos en la propia región. Si bien las voces críticas alertan respecto a la perduración de la mediación de organismos transnacionales en tales intercambios y movilidades en sentido sur-sur, el urbanismo social de Medellín, las políticas de transporte y sustentabilidad de Curitiba, los presupuestos participativos vinculados inicialmente a Porto Alegre, las innovaciones en ciclovías y BRT de Bogotá, así como la experiencia de grandes proyectos urbanos asociadas a Puerto Madero en Buenos Aires, entre muchas otras, han complejizado el mapa y la geopolítica de los modelos urbanos, así como la inserción de América Latina en los mismos.

Este número de A&P Continuidad se inscribe precisamente en esta tradición de estudios que buscan historizar, complejizar y reflexionar en torno a la movilidad de políticas urbanas. Incluye la traducción de un clásico anglosajón sobre la historia del planeamiento en perspectiva transnacional, como es el texto Planning diffusion: Agents, mechanisms, networks and theories de Stephen Ward, a la vez que incorpora una entrevista a Leandro Benmergui, historiador latinoamericanista especialista en el cruce de perspectivas transnacionales y de historia cultural alrededor del problema de la vivienda y la ciudad en la región. La entrevista muestra la importancia del método comparado para evitar planteos excepcionalistas, así como para localizar espacios de encuentro o zonas de contacto, donde actores locales e internacionales con desiguales cuotas de poder negocian, disputan, adaptan modelos de urbanización, vivienda y desarrollo. Además, evidencia la relevancia del acceso a archivos institucionales robustos, tanto como a financiamiento internacional para el desplazamiento de aquellos/as investigadores/as que escogen estos enfoques.

La sección Dossier reúne una serie de estudios centrados en la circulación internacional de ideas, políticas, planes y modelos urbanos en América Latina. Los trabajos que integran la publicación analizan el modo en que teorías, agentes e instituciones se intersectan al momento de diagramar planes, territorios, infraestructuras y metodologías, entre otros artefactos urbanos. La dimensión internacional de la circulación se expresa en lecturas multiescalares sobre una misma organización, en la identificación de modelos e ideas y el seguimiento de su productividad a nivel local y en el análisis de las conexiones entre los contextos globales donde fueron gestadas ciertas políticas y programas y la forma y los formatos que adoptan en los territorios donde se enraízan.

La inscripción disciplinar de los/as autores/as que integran este número es variada e incluye aportes desplegados desde las historias de la arquitectura, del urbanismo y del planeamiento urbano, de la geografía, de la historia y de las ciencias sociales. Asimismo, los trabajos abordan períodos históricos heterogéneos, abriendo las puertas a posteriores comparaciones entre distintos episodios de circulación de políticas y modelos en distintos contextos. Este cruce de periodos históricos no es casual y fue un objetivo deliberado de la convocatoria. Así, hemos buscado evitar cierto sesgo presentista de algunas perspectivas de análisis contemporáneas -con su correspondiente predilección por enfatizar la novedad de los procesos bajo análisis- sin por ello renunciar a explorar procesos actuales que algunas perspectivas históricas tienden a evitar.

Las geografías y conexiones recorridas por los/as autores también son múltiples e incluyen procesos y actores asociados a Mendoza, Córdoba, Rosario, Buenos Aires, Recôncavo Baiano, San Pablo, Bogotá, Santa Cruz de la Sierra, Barcelona, entre otras. Esto implica ir más allá de las grandes capitales e incluir estudio de casos de ciudades intermedias, escala escasamente abordada por la literatura.

Dentro del campo disciplinar del urbanismo, los textos de Fusco y Malecki, Giroto, Silva Dos Santos y Raffa analizan la circulación de personas, ideas y tipologías urbanas y su recepción selectiva y reinscripción situada en Córdoba (Argentina), Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), el Recôncavo Baiano (Brasil) y Argentina, respectivamente. Fusco y Malecki enfocan el conjunto de ideas, modelos y referencias que en la capital cordobesa retomaron tanto los planes reguladores y directores presentados para diagramar la ciudad como las currículas académicas para dictar la carrera de Arquitectura en la Universidad Nacional de Córdoba. A través del abordaje de un arco temporal que va desde 1927 y llega hasta 1973, los autores describen las peripecias que siguió el urbanismo hasta consolidarse como saber de Estado y disciplina académica local. Giroto, en cambio, estudia la circulación de los idearios urbanísticos y sociales que intersectaron el plan urbano elaborado para la ciudad de Santa Cruz de la Sierra a cargo de la empresa italiana Techint. El autor recorre la coyuntura geopolítica y la red de contactos profesionales y empresariales que posibilitaron la propuesta elaborada por el arquitecto teutobrasileño Philipp Lohbauer, un profesional con escasa práctica en la elaboración de planes urbanos y ajeno a la realidad santacruceña. El caso muestra la trascendencia temporal y la asimilación ciudadana que puede adquirir un plan, a pesar del lábil conocimiento cultural y territorial de su autor. Silva Dos Santos, por su parte, a partir de una perspectiva de historia conceptual, examina de qué manera nociones como la de planificación regional, integrada, urbana, metropolitana, global y social fueron difundidas, traducidas y reapropiadas en distintas escalas territoriales. Mediante un análisis comparativo evidencia que las revistas especializadas funcionaron como instrumentos centrales de circulación intelectual, articulando redes transnacionales, organismos multilaterales e instancias gubernamentales. Por último, dentro de esta serie de trabajos, Raffa explora los vínculos internacionales y las redes académicas y profesionales que posibilitaron la aplicación de proyectos de conservación patrimonial en Argentina. En particular, la autora se concentra en el capítulo argentino del Proyecto Regional de Patrimonio Cultural/Urbano-Ambiental del PNUD, ejecutado entre 1976 y 1995, y en la red de académicos/as locales y latinoamericanos/as que instalaron en la agenda pública la importancia de preservar el patrimonio como elemento clave de estímulo de la actividad intelectual y artística y como factor de desarrollo local.

Un segundo bloque de trabajos se centra en la cuestión habitacional durante la segunda posguerra. El artículo de Montoya Pino, Aravecchia Botas y Aboy analiza la producción transnacional de conocimiento en el Centro Interamericano de Vivienda y Planeamiento (CINVA) a través del encuentro entre la trabajadora social Josephina Albano, el sociólogo Orlando Fals Borda y el arquitecto Ernesto Vautier. Las autoras muestran que la vivienda rural tuvo un rol preponderante en la agenda del organismo y que este ensambló conocimientos provenientes de la sociología rural, el catolicismo social y el desarrollismo de la CEPAL, produciendo categorías latinoamericanas, como los conceptos de planificación integral y desarrollo comunal, que aún hoy enmarcan los programas habitacionales. En diálogo con estos conceptos, y en especial con el modelo de la autoconstrucción y ayuda mutua promocionado por el CINVA, Anahí Pagnoni traza un mapa que reconstruye la dimensión global, regional y local de los saberes y el accionar en ese área desplegado por la Asociación Civil Emaús. En la lectura multiescalar, Pagnoni sigue la trayectoria del padre José Balista, punto de contacto de la asociación de origen europeo con organismos regionales como el CINVA y el CIAS y con los proyectos autoconstructivos que en Argentina Emaús coordinó en sus sedes de Buenos Aires, Santa Fe y Rosario.

Ya con objetos contemporáneos y desde el enfoque de la movilidad de políticas urbanas, los trabajos de Magallanes y Gonzalez Redondo avanzan sobre el rol de entidades internacionales como el BID y la Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios de América Latina (ADI Latam) en la movilización de modelos y narrativas: en el primer caso, sobre políticas públicas de ciclo-infraestructura en el Área Metropolitana de Mendoza (AMM) y, en el segundo, sobre oportunidades de negocios inmobiliarios y financieros en Latinoamérica. Mientras el trabajo de Magallanes muestra la implementación del modelo del BID en el AMM como una traducción metropolitana fragmentada, Gonzalez Redondo expone la introducción de la figura de hipotecas divisibles en Argentina como política movilizada por ADI Latam y, por ello, con fuerte respaldo transnacional a la acción empresarial local.

El número también incluye un ensayo de Massimo Triches que indaga el modo en que los principios del urbanismo moderno, elaborados en el contexto europeo, fueron adaptados en función de condiciones morfológicas, sociales e infraestructurales diversas. A partir de la comparación de la obra de Antoni Bonet Castellana en Buenos Aires y en Barcelona, Triches muestra un proceso selectivo de traducción más que la simple aplicación de modelos.

Por último, la monografía cierra con el archivo de obra del Centro Municipal de Distrito (CMD) Antonio Berni, localizado en el frente costero rosarino. El edificio fue inaugurado en 2005 y resultó de una obra de reciclaje y ampliación del antiguo edificio de la administración del ex Ferrocarril Central Argentino, proyectada por el arquitecto colombiano Laureano Forero y el arquitecto argentino Luis Grossman y financiada con fondos del BID y el PNUD. La actual sede administrativa constituye en sí misma una expresión del modo en que operan los circuitos internacionales de ideas y modelos a lo largo del tiempo. En este sentido, pueden interpretarse, por un lado, la incorporación de una torre de reloj en el edificio, símbolo de estatus urbano de las antiguas ciudades italianas durante su construcción en 1870, y, por el otro, su actual funcionamiento como CMD, modelo que promovió el BID como estrategia de gestión pública democrática y de cercanía ciudadana a principios de siglo.

En suma, la confluencia de los trabajos que componen el volumen ofrece una contribución significativa a un campo de estudios en expansión, al tiempo que dialoga con debates contemporáneos sobre la producción de políticas urbanas, la circulación de modelos y la forja de la autoridad técnica. Al mostrar la historicidad de los procesos de movilidad, los trabajos permiten comprender las políticas urbanas más allá de su rol tecnocrático, como artefactos sociopolíticos que condensan disputas, intereses, saberes y trayectorias. La movilidad, en este sentido, resulta una descripción y una clave analítica para entender cómo se producen, gobiernan e imaginan las ciudades.