Agentes y mecanismos de movilidad: el papel de los individuos

Los escritos históricos sobre los flujos de saberes y prácticas de planificación han prestado mucha atención a los agentes y mecanismos de la movilidad del conocimiento. Un enfoque común ha sido explorarlos a través de las trayectorias profesionales de planificadores individuales. Estas figuras se presentan como portadoras de ideas y enfoques hacia nuevos lugares, así como transmisoras de saberes provenientes de otros contextos que luego difunden. Desde esta perspectiva, los individuos clave se convierten en intermediarios, misioneros o cosmopolitas (Sutcliffe, 1981; Tregenza, 1986). Así, el planificador británico Thomas Adams, que trabajó en Canadá y Estados Unidos entre 1914 y 1938, trasladó las ideas y prácticas de la planificación británica hacia el oeste a través del Atlántico, y los conocimientos de la planificación norteamericana hacia el este (Simpson, 1985). El urbanista francés Jacques Gréber trabajó en varias ocasiones en Estados Unidos y Canadá entre 1910 y 1950, desempeñando un papel similar en relación con Francia y Norteamérica (Special issue: Jacques Gréber (1882-1962), 2001); el planificador estadounidense George Ford, estrechamente implicado en la planificación de la reconstrucción francesa posterior a 1918, fue otro de los primeros intermediarios transatlánticos (Bédarida, 1991). El interés por estas figuras transatlánticas ha crecido desde el amplio estudio de Rodgers sobre los progresistas sociales estadounidenses que se nutrieron del reformismo europeo (Rodgers, 1998). Un número especial reciente de Planning Perspectives sobre los diálogos urbanos transatlánticos posteriores a la Segunda Guerra Mundial (Hein, 2014) ha profundizado en esta línea.

La mayoría de los países con tradición en planificación urbana cuentan con figuras comparables. En todo el antiguo bloque soviético, diversos arquitectos-planificadores se convirtieron en los principales portadores de los principios del realismo socialista estalinista desde la Unión Soviética hacia sus propios países a fines de las décadas de 1940 y 1950 (Åman, 1992), entre ellos Kurt Liebknecht (República Democrática Alemana), Edmund Goldzamt (Polonia), Imre Perényi y Tibor Weiner (Hungría), y Petur Tashev (Bulgaria). En un contexto muy diferente, los planificadores japoneses Uzō Nishiyama y Hideaki Ishikawa, desde comienzos de la década de 1940, introdujeron en Japón ideas relevantes de planificación occidental procedentes de la tradición alemana y angloamericana (Hein, 2008; 2017).

Ha habido un interés particular en los planificadores que trabajaron en países distintos al propio (Ward, 2005). Las consultorías profesionales con múltiples competencias en construcción, planificación y diseño son hoy rasgos familiares de la escena global, pero los planificadores globales existían ya, en menor escala, desde principios del siglo XX. La primera generación de urbanistes franceses fue bien conocida por su amplio alcance, entre ellos Henri Prost, Alfred Donat Agache, Ernest Hébrard y otros que trabajaron en numerosos países, tanto dentro del mundo francófono como más allá de él (Wright, 1991). Pronto, sin embargo, tales figuras comenzaron a provenir de un número creciente de países, principalmente europeos. Entre los planificadores globales alemanes más destacados se encontraban Werner Hegemann, reconocido por su trabajo en las Américas (Collins, 2005), y Hermann Jansen, cuyo trabajo de entreguerras en Ankara (Önge, 2011) es el más conocido; también trabajó en otros países, como España, Noruega, Bulgaria, Letonia y Uruguay (Wynn, 1984; Hass-Klau, 1990).

Muchos trabajaron en los grandes imperios, en particular en los mundos imperiales británico y francés (Home, 2013; Peyceré y Volait, 2003). Sin embargo, hubo figuras menos conocidas, como Thomas Karsten en las Indias Orientales Neerlandesas (la actual Indonesia) (van der Heiden, 1990; van Roosmalen, 2004), y Yoshikazu Uchida en Manchukuo (Manchuria, dentro de la actual China) a finales de la década de 1930 (Tucker, 2003; Hein, 2003). Los planificadores extranjeros también trabajaron en el período de entreguerras en territorios posimperiales como América Latina, Turquía y la Unión Soviética (Almandoz, 2002; Flierl, 2011; Bosma, 2014).

Algunos planificadores, como los judíos o aquellos con ideas de izquierda procedentes de la Alemania nazi o de otros estados fascistas, se convirtieron en emigrantes políticos durante la década de 1930. Los más conocidos fueron los que se trasladaron a Estados Unidos (a menudo pasando por otros países), entre ellos Walter Gropius, Martin Wagner, Josep Lluis Sert, Victor Gruen, Hans Blumenfeld y muchos otros (Ward, 2002, pp. 124-125). Otras figuras menos conocidas también desempeñaron papeles importantes en otros lugares. El planificador judío comunista húngaro Alfred Fórbat, por ejemplo, había trabajado en Alemania, pero a comienzos de los años treinta se trasladó a la Unión Soviética con el grupo de Ernst May. Finalmente, emigró a Suecia en 1938, donde se convirtió en un planificador respetado e influyente (Folkesdotter, 2000). Otro húngaro, Eugenio Faludi, que había trabajado extensamente en Italia, ejerció una influencia comparable en la planificación canadiense (Sewell, 1993, pp. 53-76). El arquitecto-planificador suizo Hannes Meyer, antiguo director de la Bauhaus-Dessau, trabajó varios años en la Unión Soviética a partir de 1930, antes de trasladarse a México en 1939 (Schnaidt, 1965, pp. 35-37). Otros se dirigieron a la emergente patria judía en la Palestina británica, reforzando la capacidad técnica del futuro Estado israelí (Troen, 2003, pp. 142-143). Gran Bretaña, Turquía, India, China y Kenia fueron otros destinos de estas figuras desarraigadas.

Figura 1

Figura 1.   El modelo de desarrollo del frente marítimo, centrado en el ocio, el turismo y la cultura, se asoció especialmente con Baltimore a comienzos de la década de 1980 y fue rápidamente emulado en todo el mundo. Los demás ejemplos mostrados tienen vínculos directos con Baltimore, asociados de manera diversa a la participación de promotores, arquitectos y planificadores. De arriba a abajo: Inner Harbor, Baltimore, EE. UU. Los proyectos anteriores contenían elementos del mismo enfoque, pero este fue el primero en ofrecer toda la gama de atracciones, utilizado explícitamente para regenerar una ciudad en declive | Darling Harbour, Sídney, Australia. Inaugurado en 1988, siguió de cerca el modelo de Baltimore para reutilizar una parte obsoleta de la ciudad en ocasión del bicentenario nacional | Tempozan Harbor Village, Osaka, Japón. Aunque su aspecto difiere bastante del de Baltimore, este proyecto costero, inaugurado en 1991, estuvo estrechamente vinculado al concepto de desarrollo de Baltimore y contó con algunos de los mismos arquitectos | Port Vell, Barcelona, España. La creación de esta “ciudad de la diversión” en la antigua zona portuaria fue otro préstamo del concepto de desarrollo y planificación de Baltimore. Se inauguró a tiempo para los Juegos Olímpicos de Verano de 1992. Fuente: Stephen Ward.

El número de planificadores globales aumentó drásticamente después de 1945, operando especialmente en el mundo colonial tardío y poscolonial (Ward, 2010a). Más recientemente, la globalización ha dado lugar a un mayor número de figuras transnacionales procedentes de países distintos de los núcleos originales europeos o estadounidenses. En las décadas de 1950 y 1960, más planificadores de otros continentes trabajaban a escala internacional, como Oliver Weerasinghe, de Ceilán (hoy Sri Lanka), y Joseph Crooks, de Trinidad (Watts, 1997). Los flujos de conocimiento asociados a estas figuras internacionales también se volvieron más sutiles con el tiempo. Mientras que los primeros planificadores globales solían imprimir su propio sello nacional en los lugares donde intervenían, los posteriores ofrecieron un repertorio más claramente internacional. En la actualidad, las principales consultoras internacionales de desarrollo y diseño, a menudo dirigidas por arquitectos de renombre mundial, son un signo de la perspectiva global que se busca en las principales ciudades del mundo (Olds, 2001).

Además de los planificadores y diseñadores, los inversores y promotores también se han convertido en agentes clave de los flujos internacionales de planificación. Aunque los promotores suelen ser organizaciones sin rostro, como aquellas que invirtieron en el desarrollo inmobiliario en China a principios del siglo XX (Cody, 2003), algunos individuos han tenido perfiles públicos destacados. El ejemplo mejor documentado es el del estadounidense James Rouse, quien sobresalió en el desarrollo y la difusión del modelo de regeneración del frente marítimo de Baltimore hacia otras ciudades estadounidenses y más allá, incluyendo Sidney, Róterdam, Osaka y Barcelona (Olsen, 2003) (Fig.1).

Agentes y mecanismos de movilidad: el papel de las entidades reformistas, técnicas y filantrópicas

Los historiadores de la planificación también han destacado los ámbitos reformistas y técnicos -esencialmente organizaciones en red de determinados grupos profesionales, de presión o de interés- como agentes que difundían el conocimiento de la planificación. Muchos de los individuos analizados en la sección anterior fueron actores importantes dentro de estas redes de interés: parece poco probable que hubieran podido ser influyentes sin ellas. Las actividades específicas que estas entidades organizaron, así como los productos que generaron y distribuyeron, constituyeron en sí mismos mecanismos de circulación del conocimiento: conferencias, visitas de campo, congresos, exposiciones, revistas, sitios web y otras publicaciones. Estos mecanismos de difusión contribuyeron directamente a los flujos internacionales de conocimiento en planificación, identificando qué saberes exógenos eran más relevantes y, además, adaptando, hibridando o sintetizando ideas y prácticas importadas en algo más pertinente y utilizable localmente. Estas organizaciones en red funcionaban como puntos de contacto para posibles visitantes extranjeros que introducían ideas y prácticas, entre otras cosas recibiéndolos y organizando visitas a lugares clave.

Los más significativos de estos grupos contribuyeron a la creación de movimientos nacionales de planificación: en Gran Bretaña, la Garden City Association (fundada en 1899), el National Housing Reform Council (1900) y el Town Planning Institute (1914) (Cherry, 1974). El primero, en particular, adoptó en sus primeros años una postura expansiva y abierta al exterior, lo que estimuló la creación de organizaciones afines en otras partes del mundo (Hardy, 1991) (Fig. 2). En Estados Unidos, entre las entidades influyentes de este tipo se encontraban el Committee on the Congestion of Population (1907), el American City Planning Institute (1917) y la Regional Planning Association of America (1923) (Kantor, 1994; Scott, 1969; Spann, 1996; Dalbey, 2002).

Figura 2

Figura 2.   El famoso diagrama de los “tres imanes” de Ebenezer Howard proponía una nueva forma de “ciudad-campo” que combinaría las ventajas tanto de la ciudad como del campo. Estas versiones traducidas ilustran la amplia difusión de las ideas de la Garden City. De arriba a abajo: Esta versión alemana de 1907 refleja las estrechas y sólidas conexiones anglogermanas de los primeros años, con numerosos ejemplos reales de asentamientos ajardinados de gran calidad. La versión francesa también señala vínculos tempranos, aunque esta versión concreta del diagrama data de 1917. En Rusia hubo un interés significativo tanto en la etapa prerrevolucionaria como en la posrevolucionaria temprana. El libro de Howard, que incluye este diagrama, fue traducido al ruso en 1911. En Japón existió un interés considerable antes de 1914, con numerosos ejemplos de suburbios ajardinados vinculados al ferrocarril, aunque esta traducción del diagrama, realizada en 1968, es posterior. Fuentes: Gartenstädte in Sicht, traducido al alemán por Maria Wallroth-Unterlip, Jena: E. Diederichs, 1907; Ville-Jardins de Demain, traducido por L. E. Creplet, publicado como edición limitada en China, Tientsin Press, 1917; Goroda Budushavo, traducido por Alexander Block, San Petersburgo, 1911; Naimushō Chihōkyoku, Denentoshi, Tokio: Hakubunkan.

Algunas organizaciones reformistas locales también desempeñaron un papel importante, especialmente en Estados Unidos. Las agrupaciones progresistas de empresas locales, filántropos y ciudadanos destacados, particularmente en Chicago y Nueva York, se convirtieron en difusores y receptores clave de saberes de la planificación. Así, la Regional Plan Association de Nueva York, financiada por la Russell Sage Foundation y responsable del Regional Plan of New York and its Environs durante los años de entreguerras, tuvo una notable repercusión mundial, ya que su trabajo se distribuyó en las principales ciudades de todos los continentes (Johnson, 1996). Otras entidades filantrópicas estadounidenses difundieron saberes de la planificación a escala global, especialmente después de 1945 (Saunier, 2001; Clapson, 2013); en particular, la Ford Foundation financió destacados ejercicios de planificación e investigación en la India y operó también en otros lugares, sobre todo en el mundo en desarrollo (Emmett, 1977).

Algunas organizaciones reformistas y técnicas han sido explícitamente internacionales en su estructura, membresía y escala. Aunque la mayoría no se han centrado exclusivamente en la planificación (Saunier y Ewen, 2008), comenzaron a surgir al mismo tiempo que emergía la planificación urbana moderna. Entre las primeras se encontraban la Asociación Internacional Permanente de Congresos de Carreteras (fundada en 1909) y dos entidades creadas en 1913: la Unión Internacional de Autoridades Locales y la Asociación Internacional de Ciudades Jardín y Urbanismo (actualmente Federación Internacional de Vivienda y Urbanismo) (Geertse, 2015; Wagner, 2016). A ellas siguieron muchas otras, como el CIAM (Congrès Internationaux d’Architecture Moderne) en 1928 y Metropolis en 1985 (Mumford, 2000; Ward, 2013). Todas estas organizaciones han considerado la difusión internacional del conocimiento, el aprendizaje mutuo y la promoción del discurso internacional como tareas fundamentales.

Estas organizaciones de redes transnacionales se han centrado en los núcleos originales de Europa y Norteamérica, pero otras entidades en red operan ahora en campos estrechamente relacionados dentro del mundo poscolonial en desarrollo y emergente (Sharp y Briggs, 2006). Slum/Shack Dwellers International, fundada en 1996, cuenta con miembros activos en 33 países, incluidos Brasil, India y Sudáfrica (McFarlane, 2006). En el mejor de los casos, estas entidades dan voz a grupos genuinamente marginados dentro de sociedades civiles incipientes, ofreciéndoles la posibilidad de trascender la persistente deferencia poscolonial hacia el conocimiento profesional extranjero, y de emplearlo de manera selectiva, crítica y sintética junto con el conocimiento y la experiencia locales.

Agentes y mecanismos de movilidad: el papel de los gobiernos

Gran parte de la circulación activa del conocimiento en planificación, especialmente aquel aplicado a políticas de planificación en nuevos contextos, puede atribuirse a gobiernos y agencias nacionales o subnacionales. Numerosos ejemplos fueron evidentes incluso en los inicios de la historia del urbanismo moderno. Así, el Comité de Vivienda de la ciudad de Birmingham envió una delegación a Alemania en 1905 para estudiar la planificación de la expansión urbana, y posteriormente sintetizó dicha experiencia en políticas municipales y nacionales (Nettlefold, 1914; Sutcliffe, 1988). En Lyon, dirigentes y funcionarios cívicos buscaron y aportaron a la “información urbana internacional” entre 1900 y 1940 (Saunier, 1999).

La búsqueda de este conocimiento a menudo ha implicado investigaciones oficiales específicas, incertidumbres políticas o cambios de orientación en las políticas. A partir de mediados de la década de 1950, por ejemplo, los cambios impulsados bajo el liderazgo soviético de Jruschov llevaron a muchos arquitectos, planificadores e ingenieros soviéticos a estudiar la experiencia occidental (Ward, 2012b; Cook, Ward y Ward, 2014), con especial interés en la construcción de viviendas industrializadas (sobre todo en Francia) y en la planificación y desarrollo de ciudades satélite (especialmente en Gran Bretaña y los países nórdicos). En la década de 1960, el equipo que preparó el Plan Regional de París de 1965 y la planificación de las nuevas ciudades de París investigó el urbanismo de nuevas ciudades en Gran Bretaña, Suecia, Dinamarca, Finlandia, Países Bajos, Polonia, Hungría y Estados Unidos (Merlin, 1971).

Recientemente, los historiadores de la planificación han explorado los contactos orquestados por los gobiernos dentro del antiguo mundo soviético y entre sus diversas naciones constituyentes y el mundo poscolonial más amplio, en particular la ayuda técnica internacional y la capacitación profesional del bloque soviético (Stanek y Avermaete, 2012). Grupos de planificadores urbanos como Miastoprojekt Krakow trabajaron de manera extensa en Irak y en otros lugares (Stanek, 2012). Un equipo de planificación de Leningrado (San Petersburgo) trabajó en Hanói, en Vietnam del Norte (Logan, 2000), y otro de la República Democrática Alemana en la ciudad de Zanzíbar (Myers, 1994). Existen otros ejemplos de planificadores vinculados al ámbito soviético que trabajaron en distintos países africanos (Ward, 2010a).

Algunos gobiernos, en particular las metrópolis de imperios extranjeros, también intervinieron directamente en otros países (Wright, 1991; Home, 2013). Tanto las suposiciones gubernamentales generales como las decisiones específicas tomadas en Londres podían afectar la planificación de Nueva Delhi o Nairobi. Las autoridades imperiales podían determinar las agendas locales de planificación, las bases legales para la acción planificadora en sus posesiones imperiales, quién podría asumir tareas clave de planificación y qué tipo de resultados serían aceptables. Desde la época colonial, las políticas de ayuda al desarrollo reprodujeron parte de esta relación, pero la descolonización también significó que los nuevos países independientes podían recibir asistencia técnica de diversas fuentes, no únicamente de una antigua potencia imperial (Ward, 2010a). Tanzania, por ejemplo, recurrió a distintos donantes tanto del mundo occidental como del comunista, favoreciendo deliberadamente a aquellos que no tenían una tradición colonial reciente (Armstrong, 1987).

Las organizaciones gubernamentales internacionales también transmitieron saberes de la planificación durante la era poscolonial. La más importante fue el Centro de las Naciones Unidas para la Vivienda, la Construcción y la Planificación, creado (con un nombre ligeramente distinto) en 1951 y rebautizado como ONU-Hábitat en 1978 (Ciborowski, 1980), que promovió las “buenas prácticas” en la planificación vinculada al desarrollo en el antiguo mundo colonial (Watts, 1997). Ha llevado a cabo directamente labores de asesoramiento en planificación, pero también coordina la ayuda técnica de los países donantes y vincula a planificadores con las competencias adecuadas, a naciones en desarrollo. Con el tiempo, su papel fue transformándose, a medida que cambiaban las concepciones sobre las formas de planificación apropiadas para el Sur Global y emergían profesionales más experimentados desde estas regiones.

Otros organismos de gobernanza internacional, como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, han promovido las “buenas prácticas” en materia de planificación urbana. Su labor de recopilación de indicadores estadísticos comparativos también ha sido significativa para poner de relieve a los países con “mejores” resultados y presionar a los “peores” para que sigan su ejemplo (Theodore y Peck, 2012). Desde aproximadamente 1990, la Unión Europea ha fomentado una comprensión y un discurso comunes sobre la planificación urbana entre sus 28 Estados miembros, promoviendo nuevamente ideas compartidas de “buenas prácticas”. En 2003, por ejemplo, se creó el programa URBACT con el objetivo de construir redes multinacionales de ciudades para trabajar en problemas urbanos comunes -como la regeneración urbana, el espacio público, el desarrollo de frentes marítimos y la participación ciudadana- y promover el aprendizaje mutuo.

Cambio y adaptación en la circulación y transferencia del conocimiento

Una de las principales preocupaciones de la investigación sobre la difusión en la historia de la planificación ha sido cómo y por qué cambian las ideas y las prácticas en su movimiento. Inicialmente, quienes documentaban este fenómeno adoptaban posturas puristas, considerando las mutaciones durante el recorrido de un concepto de planificación (como el de Garden City) como malentendidos o interpretaciones erróneas (Ward, 2015). En la actualidad, la difusión suele aceptarse, en efecto, como un proceso de reinvención parcial (Fig. 3). Así, las variantes extranjeras de la Garden City, como gartenstadt, cité-jardin, tuinstad, den-en-toshi o cidade jardim, se consideran perfectamente válidas, simplemente expresiones diferentes de la idea de Garden City en nuevos contextos.

Uno de los resultados es que dicha reinterpretación aparece en parte como un proceso conscientemente selectivo, reflejo de decisiones explícitas en diferentes circunstancias. Por ejemplo, los planificadores británicos de principios del siglo XX tomaron prestado el concepto germánico de planificación de la expansión urbana (Sutcliffe, 1988). Sin embargo, rechazaron el énfasis original en la vida en apartamentos, favoreciendo un híbrido de expansión urbana con las bajas densidades “autóctonas” de la Garden City. Los reformistas y urbanistas franceses adoptaron inicialmente esta variante británica, pero pronto recurrieron a los apartamentos en lugar de las casas unifamiliares (Gaudin, 1992); tomaron prestado el modelo social cohesivo de la Garden City para enriquecer los servicios locales y la vida comunitaria, en lugar de reproducir la fórmula física británica.

En algunos casos, los ejemplos extranjeros pudieron haber sido simplemente una cortina de humo que los planificadores introdujeron para legitimar cursos de acción con raíces esencialmente autóctonas. Las políticas de reajuste de tierras que se incorporaron a la práctica japonesa a partir de 1919, aunque aparentemente introducidas desde Alemania, también podrían considerarse enraizadas en la práctica agraria local tradicional (Sorensen, 2002). Otros cambios en las ideas y prácticas recibidas se deben menos a una evaluación consciente que a diferencias preexistentes en los sistemas jurídicos o gubernamentales. Estas diferencias pueden limitar lo que puede adoptarse de manera directa desde otros países. En Gran Bretaña, por ejemplo, era imposible emular plenamente las políticas comerciales locales de muchas ciudades de Estados Unidos o de otros lugares de Europa debido a las restricciones legales para recaudar y gastar ingresos locales (Ward, 1998).

Las diferencias económicas, sociales y culturales más profundas también pueden dar forma a este proceso de manera aún menos consciente, como cuando se exportaron costosos enfoques de planificación desde Occidente o desde el bloque soviético hacia países más pobres y poscoloniales que carecían de los recursos técnicos y financieros para implementarlos o sostenerlos. Conceptos familiares como la planificación del desarrollo o la política de vivienda adquirieron significados muy distintos en el mundo desarrollado y en el mundo en desarrollo.

Figura 3

Figura 3.   Desde su formación y primeros esfuerzos en Gran Bretaña, las ideas y prácticas del movimiento Garden City se difundieron rápidamente, con numerosas adaptaciones locales, por todo el mundo a comienzos del siglo XX, como sugieren estos ejemplos. De arriba a abajo: Letchworth Garden City, Hertfordshire, Reino Unido, desarrollada a partir de 1903, muestra las primeras viviendas obreras construidas para la Howard Cottage Society, 1911-12. Margarethenhöhe, Essen (Alemania), desarrollada desde 1909 por una fundación controlada por la familia de industriales Krupp, muestra algunas de las primeras viviendas (c. 1912). Enskede, Estocolmo (Suecia), urbanizado desde 1908 por el ayuntamiento, con algunas de las primeras viviendas en hilera, aunque posteriormente se construyeron viviendas unifamiliares o adosadas. Chemin Vert, Reims (Francia), construido entre 1920 y 1924 por una sociedad filantrópica fundada por industriales locales para mejorar la vivienda obrera y contribuir a la reconstrucción de la ciudad devastada por la guerra. Ořechovka, Praga, Checoslovaquia (actual República Checa), suburbio ajardinado de clase media, desarrollado entre 1919 y 1925 por la Cooperativa de Construcción de Funcionarios Públicos. Käpylä, Helsinki (Finlandia), suburbio ajardinado con viviendas de madera de bajo coste, construido entre 1920 y 1925 con apoyo municipal para paliar la escasez crónica de vivienda. Colonel Light Gardens, Adelaida (Australia), propuesto como “suburbio ajardinado modelo” por el gobierno del estado de Australia Meridional en 1917 y desarrollado por una comisión estatal, 1921-27. Radburn, Nueva Jersey (EE. UU.), desarrollado desde 1929 como comunidad ajardinada para la era del automóvil por la City Housing Corporation de dividendos limitados, pero pronto abortado por el crack de Wall Street. Jardim América, São Paulo (Brasil), diseñado en 1915 por los planificadores de Letchworth y desarrollado por una compañía privada de tierras como suburbio ajardinado exclusivo de alto nivel, 1915-29. Fuente: Stephen Ward.

Los factores contextuales y estructurales han configurado los flujos de conocimiento dentro de ámbitos lingüísticos específicos y entre ellos. Algunos historiadores de la planificación han otorgado a estos factores, junto con la distribución desigual del poder mundial, un papel crucial en la configuración de los flujos de ideas y prácticas de planificación. King (1980) describió al mundo desarrollado y próspero como “exportador” de planificación hacia el mundo más pobre y menos desarrollado.

Reflejando un planteamiento similar, Ward (2012a) propuso una tipología más elaborada de los episodios de difusión, conformada en gran medida por la “relación de poder” entre los países implicados (Fig. 4). Se identifican tres tipos de difusión de la planificación como formas de imposición (autoritaria, disputada y negociada), con distintos grados de mediación local. Ward las distingue de la difusión mediante tres tipos de préstamos (puro, selectivo y sintético), en los que los responsables de la toma de decisiones en los países receptores pueden ejercer progresivamente un mayor control sobre lo que se adopta.

Aunque se trata de una tipología y no de una teoría acabada sobre los flujos de planificación internacional, este enfoque implica un binario estructura-agencia, en el que una disminuye a medida que la otra aumenta. Así, la agencia humana en el país receptor adquiere la mayor importancia en los tipos de préstamo, especialmente en la forma más crítica y deconstructiva del préstamo sintético. En cambio, la estructura ejerce su mayor impacto allí donde la planificación exógena llega por imposición, suprimiendo ostensiblemente toda agencia local en su variante más autoritaria. La tipología tiene cierto valor para formular expectativas analíticas y ha suscitado interés entre historiadores y teóricos de la planificación. Sin embargo, presenta muchas limitaciones, ya que constituye una concepción más bien estática que tiende a subestimar hasta qué punto los actores de los países receptores pueden influir en la materialización de los planes (Nasr y Volait, 2003). Y no es, ni mucho menos, el único intento de teorización sobre este tema.

Figura 4

Figura 4.   Tipologías de difusión del planeamiento. Fuente: Stephen Ward.

Teorizando la circulación de los saberes de la planificación

Algunos historiadores de la planificación, especialmente quienes trabajan en regiones en desarrollo y emergentes, se han basado explícitamente en la obra de Edward Said en teoría cultural para explorar este fenómeno de cambio y adaptación. A menudo se refieren a sus debates sobre el poscolonialismo (Healey y Upton, 2010). Sin embargo, Said también introdujo la noción de teorías viajeras, que se originan en un contexto y, al ser recibidas en otros, se recontextualizan, adquiriendo nuevos significados y diferentes usos (Said, 1983). Esta idea constituye un punto de partida para Lu (2006), en su trabajo sobre la forma urbana china posterior a 1949 en relación con la unidad de barrio como forma urbana itinerante. Otros autores muestran cierta similitud terminológica, lo que sugiere que quizá también hayan sido influidos más indirectamente por la obra de Said (Tait y Jensen, 2007). Lu señala cómo, desde sus orígenes estadounidenses, el concepto de barrio circuló por Europa a través de los movimientos CIAM y Garden City, utilizándose ampliamente en la planificación de posguerra en Europa y en Australia, Israel, Brasil e India (véase también Schubert, 2000). Los planificadores japoneses, que lo habían recibido recientemente de Estados Unidos (véase también Tucker, 2003), introdujeron el concepto en Manchuria bajo la administración colonial posterior a 1931 (o en la China anterior a 1949). A partir de entonces, los planificadores chinos comenzaron a reinterpretar el concepto por sí mismos, aunque quedó relegado bajo la influencia soviética a finales de la era estalinista. Sin embargo, los soviéticos lo recuperaron a finales de la década de 1950 bajo la forma del mikroraion (microdistrito); posteriormente fue reelaborado en China para reflejar diversos giros de la política nacional, a través de la Revolución Cultural maoísta y la creciente mercantilización. Lu concluye que la unidad de barrio ha sido “mucho más que un signo de repetición globalizada”, sino algo “constantemente domesticado en diferentes programas de modernización en nuevos tiempos y lugares” (Lu, 2006, p. 46).

Una conexión teórica más evidente con las cuestiones de adopción y adaptación del conocimiento en planificación, en parte porque refleja los marcos explicativos implícitos que siguen muchos historiadores de la planificación, es con la Teoría del Actor-Red (ANT). Como su nombre indica, la ANT hace hincapié en el papel de los actores (normalmente humanos, pero también no humanos, como planes o textos) y de las redes (los grupos de actores que se forman en torno a determinadas ideas o prácticas). La persistencia de esas ideas y prácticas, así como su evolución en el tiempo y el espacio, se consideran una función directa de las redes de actores que se forman y reforman en torno a ellas. En relación con su desplazamiento espacial, la ANT subraya la traducción, mediante la cual una idea o práctica de planificación se desplaza, se altera y se reconfigura, con el consiguiente cambio en las redes de actores. Los intermediarios, como documentos, planes, libros y prácticas profesionales, son formas de trasladar los modelos de planificación a nuevos entornos políticos y a diversos lugares. Tait y Jensen (2007) son inusuales entre los historiadores de la planificación al hacer un uso explícito de la ANT para examinar cómo los conceptos de urban villages y business improvement districts pasaron de Estados Unidos a Gran Bretaña y en el interior de Gran Bretaña. Investigadores en planificación y geografía también están adoptando este enfoque para analizar los actuales flujos transnacionales de ideas y prácticas de política urbana (Clarke, 2012; Healey, 2012, 2013; Harris y Moore, 2013). Aunque los historiadores de la planificación son, en general, más reservados a la hora de mostrar las raíces teóricas de su trabajo (o simplemente menos conscientes de ellas), en algunos estudios aparecen al menos indicios de la terminología de la ANT (Hebbert y MacKillop, 2013; Orillard, 2014).

¿Racionalidad o imaginación?

Tampoco estas son las únicas posibilidades teóricas. Se ha trabajado ampliamente sobre los flujos transnacionales de conocimiento en políticas públicas desde la llamada escuela de transferencia de políticas dentro de la ciencia política (Dolowitz y Marsh, 1996, 2000; Rose, 2005). Sus primeros trabajos se centraban en las políticas que supuestamente se transferían, pero pronto se orientaron hacia el aprendizaje transnacional y la extracción de lecciones. Estos términos reconocen un proceso más complejo: primero adquirir conocimiento exógeno y luego derivar de él un significado político para adaptarlo a un nuevo contexto. Este enfoque se ha empleado en algunos trabajos de geografía y planificación sobre los flujos internacionales de conocimiento en política urbana. También se ha adoptado ocasionalmente en estudios históricos sobre la difusión internacional de la planificación. Ward (2007), por ejemplo, lo utilizó para examinar tres importantes investigaciones oficiales británicas: los informes Barlow, Buchanan y Rogers, entre 1940 y 1999.

Un aspecto clave de este enfoque ha sido la búsqueda de un proceso racional de aprendizaje transnacional en políticas públicas para quienes participan activamente en su elaboración. Su prioridad es obtener conocimiento útil de otros países que pueda destilarse de forma fiable en “buenas prácticas” dentro de un nuevo contexto. Los historiadores de la planificación, al igual que muchos investigadores de políticas, tienden a mostrarse cautelosos ante el concepto de “buenas prácticas”. Una lección aleccionadora de la historia de la planificación es lo fácil que resulta que las “buenas prácticas” de una generación se conviertan en las “malas prácticas” de la siguiente. No obstante, todo este enfoque permite obtener valiosas perspectivas sobre los flujos transnacionales de conocimiento en políticas públicas, al desentrañar los procesos de los planificadores para cribar y evaluar, filtrar y naturalizar las ideas y prácticas recibidas en nuevos contextos.

No menos importante entre estas percepciones es dónde buscan ideas y prácticas los responsables de las políticas públicas. Rose (2005) ha identificado cuatro tipos de lugares de los que los gobiernos aprenden: vecinos, amigos lejanos, extraños útiles y aquellos demasiado grandes o demasiado relevantes como para ser ignorados. El primero alude a la mera proximidad, mientras que el segundo se refiere a lugares más distantes con los que existe alguna afinidad lingüística, cultural, jurídica u otra que ha generado un hábito de contacto. Los extraños útiles son lugares que carecen de estas afinidades o de proximidad, pero cuya diferencia aporta algo novedoso e importante al pensamiento. Finalmente, están los casos en los que la escala y la reputación hacen que realmente no puedan pasarse por alto.

Sin embargo, frente a esta forma de pensar puede plantearse otra, en la que domina la imaginación cultural más que la racionalidad positivista. Se trata de cómo un observador externo percibe la otredad, menos como una percepción literal que como una geografía imaginaria construida culturalmente. Este planteamiento también deriva de Said, concretamente de su obra sobre el orientalismo, es decir, las percepciones occidentales de “Oriente” y, en particular, del mundo árabe (Said, 1978). El historiador de la arquitectura francés Jean-Louis Cohen (1995) ha aplicado este enfoque a las percepciones arquitectónicas europeas de Estados Unidos, refiriéndose al americanismo como un poderoso imaginario del siglo XX que representaba un futuro dinámico, tecnológicamente progresista y aparentemente inevitable. Como tal, se convirtió en una visión inspiradora, capaz de movilizar a los responsables europeos para transformar sus propias ciudades.

Se trata de una forma de pensar que podría aplicarse de manera más amplia. Ward (2010b), por ejemplo, la utilizó en un análisis de las percepciones británicas de Alemania como posible fuente de ideas y prácticas de planificación. El germanismo en la historia de la planificación ha representado cualidades positivas de orden, eficiencia y minuciosidad, pero estas han estado teñidas negativamente de autoritarismo, implacabilidad e incluso crueldad. En última instancia, el enfoque se convierte en una teorización algo distinta de la difusión de la planificación, menos como un comercio de importación y exportación de ideas y prácticas tangibles y más como un intercambio internacional y simbólico de conocimiento. En esta línea, Lieto (2015) propone la visión desafiante de que las ideas de planificación itinerantes son en realidad una circulación transfronteriza de mitos, nociones que no son mucho más que aspiraciones fantasiosas, incluso en su contexto original, y que se descontextualizan tanto en su movilidad que terminan vacías de significado racional.

Conclusión

Tanto si los historiadores de la planificación lo aprueban como si no, estas diversas teorizaciones provenientes de otras disciplinas que buscan comprender un fenómeno contemporáneo se están incorporando a los estudios históricos. Hasta ahora, el ritmo lo han marcado más los teóricos que los historiadores. Sin embargo, la profundidad del conocimiento histórico y la comprensión de cómo la planificación ha circulado internacionalmente es tal que los historiadores de la planificación tienen mucho que aportar a este debate. Sus métodos -identificación y análisis de fuentes archivísticas, búsqueda y entrevistas a quienes participaron en el pasado reciente en la circulación y recepción del conocimiento en planificación- ofrecen grandes posibilidades. Los historiadores de la planificación pueden desempeñar un papel fundamental en la resolución de este problema más amplio, al introducir el aspecto vital del tiempo en la consideración. Esto les permite examinar la persistencia a largo plazo de las ideas y prácticas introducidas, así como de las conexiones posteriores a medida que se difunden por el mundo.

Como se ha mostrado en este artículo, la circulación internacional del conocimiento ha sido un elemento clave del movimiento de planificación urbana moderno desde sus inicios. Es un tema de interés intrínseco que ofrece grandes posibilidades para que los historiadores de la planificación de todo el mundo trabajen conjuntamente, compartiendo competencias y saberes. Como se ha señalado en este capítulo, también tiene el potencial de situar la historia de la planificación en el núcleo mismo de los estudios urbanos y de planificación.



Este trabajo fue publicado originalmente como: Ward, S. V. (2020). Planning diffusion: Agents, mechanisms, networks and theories. En C. Hein (Ed.), The Routledge handbook of planning history. Routledge. https://doi.org/10.4324/9781315718996-8.

Tanto el capítulo como el libro completo se encuentran bajo una licencia CC BY 4.0: https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/