Introducción
Este artículo presenta el Programa de Vivienda Rural del Centro Interamericano de Vivienda y Planeamiento (CINVA)1, como una producción intelectual que articuló saberes y prácticas y del cual participaron técnicos y académicos latinoamericanos, provenientes de diferentes países y campos disciplinares. Entendemos al CINVA como una zona de contacto transnacional, en el sentido en que esa noción, tomada de Mary Louise Pratt (1992), fue conceptualizada por Gilbert Joseph (Joseph, LeGrand y Salvatore, 1998). Como caso de este proceso, presentamos el encuentro de tres técnicos, la trabajadora social brasileña Josephina Albano (1916-1995), el sociólogo colombiano Orlando Fals Borda (1925-2008) y el arquitecto argentino Ernesto Vautier (1899-1989), en el VI Curso Regular de Adiestramiento en Vivienda, realizado en 1957 en la Vereda Chambimbal, en Buga, Valle del Cauca, Colombia.
Este espacio de convergencia de Albano, Fals Borda y Vautier permite comprender las relaciones intelectuales, técnicas e institucionales latinoamericanas, abriendo la puerta a la comprensión de un momento crucial, a mediados del siglo XX, cuando la experimentación y búsqueda de soluciones a los problemas de la vivienda rural y urbana se convirtió en una zona de contacto transnacional. Con ese objetivo, el texto se estructura en tres partes. La primera, presenta al CINVA como espacio de encuentro y experimentación técnica y social en temas de vivienda, a mediados del siglo XX en América Latina, a través del Programa de Vivienda Rural. La segunda, plantea las líneas intelectuales de Vautier, FalsBorda y Albano, que operaron conjuntamente en dicho programa. La tercera, presenta el proyecto Chambimbal a través de sus iniciativas de asistencia técnica y social y las campañas de extensión en vivienda, para finalmente concluir que el aporte intelectual de estos técnicos, convertido en metodología de Desarrollo Comunal, fue aplicada como solución para la vivienda rural y luego resignificada y puesta a prueba en programas de mejoramiento de barrios en ciudades latinoamericanas.
El CINVA y la vivienda rural en América Latina
Desde mediados del siglo XIX los fenómenos de la acumulación capitalista, la expansión de las áreas urbanas y la mecanización de la agricultura generaron asimetrías sociales cada vez mayores. Así, los problemas derivados del crecimiento urbano estuvieron retroalimentados por la emergencia de la organización social de los trabajadores y las disputas imperialistas que resultaron en las guerras mundiales y la posterior división del mundo en dos grandes bloques. Desde 1945 las agencias internacionales occidentales propusieron una agenda de promoción de la paz, actuando como campo estratégico frente a la bipolaridad de la Guerra Fría. Una acción decisiva para que América Latina se mantuviera como área de influencia de los EE.UU.
En ese contexto tuvo lugar la creación del CINVA en 1951, como centro de investigaciones y adiestramiento en vivienda, desde el programa de cooperación técnica de la Organización de Estados Americanos (OEA) con el gobierno colombiano, a través del Instituto de Crédito Territorial (ICT) y la Universidad Nacional de Colombia (UNAL). Pero, como laboratorio colectivo, de estudiantes, asesores, docentes y comunidades, cumplió un rol ambiguo: de un lado, y según el ímpetu imperialista estadounidense, fue una agencia de cooperación en sentido panamericanista y de otro lado, se enmarca en un sentimiento latinoamericanista con ideas y soluciones desde el contexto histórico regional. Allí concurrieron trayectorias de muchos expertos, entre los cuales estuvieron Fals Borda, Albano y Vautier.
Si bien, las cuestiones territoriales, el déficit de vivienda resultado de la mecanización del campo, las formaciones metropolitanas, las bajas tasas de industrialización y los problemas sociales y económicos tuvieron distintos abordajes; el CINVA facilitó la circulación de dichos discursos sobre el problema de la vivienda, desde las posibilidades de rehabilitación o erradicación de tugurios, hasta las cuestiones de planificación urbana y regional, incluyendo el ámbito rural. Estas dinámicas tuvieron lugar en diálogo con un conjunto de instituciones, algunas como el Banco Mundial (BM) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) creadas en el contexto de la posguerra y otras, como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en el marco de la Alianza para el Progreso en medio de la Guerra Fría. Esta multiplicidad de actores e instituciones promovieron modelos de desarrollo de la mano de entidades financieras internacionales que se cruzaron con el modelo de crecimiento económico fundado en la sustitución de importaciones, la soberanía nacional y un horizonte de homogeneidad social. Además, el desarrollo económico y humano (Montoya, Ramírez y Aravecchia-Botas, 2024, pp. 334-335), relacionado al catolicismo social en Colombia, se tornó referente ineludible de los círculos de planificación en el continente. A esos marcos teóricos se sumó el concepto de marginalidad urbana que, desde la sociología, envolvió otras disciplinas2. La literatura reciente sobre la configuración del campo de la planificación en América Latina priorizó así lo urbano como categoría analítica3, lo que justifica aún más la recuperación del pensamiento sobre lo rural.
Entre los años de 1950 y 1970 los debates sociológicos soportaron el rol teórico y práctico del CINVA, dando particular atención a las formas de vida campesina a través de un programa de estudios experimentales. La mirada de carácter romántico que buscó autenticidad en los modos de vivir campesinos, se mezcló con análisis cepalinos, cuyo interés en las desigualdades territoriales fue decisivo para la formulación del concepto de heterogeneidad de la estructura productiva, típica del subdesarrollo. Los intelectuales involucrados en esos temas querían comprender cómo los sectores de alta productividad, vinculados a los polos dinámicos del capitalismo mundial, mantenían una interdependencia con los sectores de baja productividad y en ese sentido, la producción agraria de subsistencia se presentaba como su ejemplo máximo4.
Así, es necesario mirar el Programa de Vivienda Rural del CINVA, iniciado en 1953 con la contratación del arquitecto Ernesto Vautier, en el contexto más largo del pensamiento social latinoamericano. Después de una incursión en el contexto rural colombiano, Vautier fue enviado a Roldanillo por la Secretaría de Agricultura del Valle del Cauca. Con sus becarios se instaló en la Escuela para el Desarrollo de habilidades en la vida rural, donde se hicieron las primeras clases prácticas de construcción para jóvenes campesinos. La escuela era dirigida por el profesor Juvenal Valerio, vinculado al Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas (IICA), fundado en 1942 con sede en Costa Rica, y que desde 1948 con la creación de la OEA, se había convertido en organismo del Sistema Interamericano. El Programa de Vivienda Rural, por lo tanto, nació de la cooperación del CINVA con el IICA y el Programa de Educación Campesina del Ministerio de Educación de Colombia. Su consolidación se daría con los proyectos de Sogamoso (1956a), San Jerónimo (CINVA, 1956b) y Chambimbal (CINVA, 1958), siempre con apoyo de las escuelas agrícolas.
Después de ese momento, el Programa fue expandido hacia afuera de Colombia con una primera edición en Brasil, en 1958 y tan solo dos años después, en 1961, con el retiro de Vautier, su dirección pasó a manos del arquitecto cubano Eduardo Menéndez, quien desarrolló un número importante de cursos en América Latina hasta 1972, cuando el CINVA finalizó sus actividades. Desde ahí es posible descifrar el vínculo del CINVA con agencias internacionales de posguerra, estructuras administrativas nacionales y municipales, centros académicos y saberes disciplinares con un enfoque prioritario en la agricultura y la educación. El circuito de confrontación entre lo global y lo local, de agentes preocupados por la precariedad de la vida campesina y la baja productividad de la pequeña agricultura, adiciona una capa de complejidad al campo de la planificación en América Latina.
Poco a poco el desarrollo integral en el CINVA se produce del enlace entre teoría y práctica. La noción de planificación integral, con su amplitud y flexibilidad, emerge para abrigar distintos enfoques de planeamiento, escalas y arreglos institucionales. Por eso se incorporó el discurso teórico de la planeación como un proceso, y el mecanismo de la acción comunal como proyecto educativo para adiestramiento de la comunidad, pero también de los propios técnicos (Montoya, Ramírez y Aravecchia-Botas, 2024, pp. 112-1210). Mientras tanto, en ese complejo interdisciplinario, los diagnósticos y acercamientos a los problemas barriales contaron, como ya se mencionó, con aportes de la heterogeneidad estructural, de la economía y de la sociología de donde vino el concepto de marginalidad urbana. Sin embargo, para el Programa de Vivienda Rural fueron decisivas las miradas de la sociología rural difundidas desde finales del siglo XIX, en EE. UU., en línea con la acción social de inclinación cristiana5.
Desde el New Deal rooseveltiano de los años de 1930, los sociólogos involucrados en las comunidades agrarias, vincularon sus investigaciones a políticas públicas de cooperación agrícola. Mientras en la Escuela de Chicago, los sociólogos urbanos explicaban la violencia con relación a las formas de crecimiento de la ciudad, los sociólogos rurales dieron prioridad al estudio de las estructuras de producción agrícola relacionadas a la pobreza del campesino y su desplazamiento a las zonas urbanas. El interés en Latinoamérica se fundó en las similitudes con las desigualdades del mundo rural del sur de los Estados Unidos, admitiendo la posibilidad de una relación armónica entre agricultura mecanizada y vida comunitaria.6.
De esta manera, la población fue objeto de estudio, cuyas condiciones de vida debían definirse por planes de bienestar y proyectos educativos. Cómo lo definió Jorge Vicién, profesor del CINVA, la Reforma Agraria más que un interés por “modificar la estructura de la propiedad y tenencia de la tierra”, representaba “una reforma integral que pretendía resolver los problemas de vida y trabajo” para “lograr una eficiente y racional explotación del campo, mejoramiento de la calidad de vida y arraigo de la población” (Vicién, 1960, p. 22). Así, la propuesta de un Plan de Bienestar Rural, lejos del modelo modernizador, preveía una serie de relaciones sistémicas con el territorio, valores culturales y económicos en equilibrio con una mirada moral.
Fue así, como los diagnósticos del CINVA permitieron entender el problema de la vivienda rural de mediados del siglo XX en una doble dirección, como una problemática centrada en los complejos aspectos cualitativos de la vivienda y como una alternativa de solución desde el cuidadoso aprovechamiento de materiales y técnicas constructivas locales, que constituía una adaptación ambiental y cultural hecha por los mismos campesinos (CINVA, 1956b, p. 1). Ese enfoque del Programa de Vivienda Rural se convirtió en instrumento de desarrollo comunal y cambio cultural basado en las prácticas tradicionales campesinas mejoradas con asistencia técnica, donde el “factor humano” y la educación “cultural y técnica” fueron el centro de la solución al problema de la vivienda rural en Colombia y en el resto de América Latina (CINVA, 1956b, p. 2).
Así, la organización y participación social necesarias para alcanzar el desarrollo comunal, hizo confluir la iglesia y las instituciones internacionales en torno a la idea de misión, como mecanismo de cooperación, que pasó de un carácter evangelizador a uno técnico, impulsando ideas de desarrollo integral y acción comunal. Esos avances encontraron otros ecos en el CINVA, desde la idea de proyecto comunitario defendida por Ernesto Vautier, Orlando Fals Borda y Josephina Albano, sistematizada a través de tres mecanismos como el mejoramiento de la vivienda rural desde el esfuerzo propio y ayuda mutua dirigida, las pautas culturales en la construcción de diagnósticos y reconocimiento de necesidades y la comunidad como factor humano y mecanismo de organización (CINVA, 1957, p. 1). Esta apuesta se materializó a través de la Educación Fundamental y se aplicó, como metodología sistemática, en los Cursos Regulares de Adiestramiento en Vivienda y Cursos Regionales de Vivienda Rural.
Tres técnicos para el desarrollo comunal
Las ideas que compartían estos tres técnicos, Josephina Albano, Ernesto Vautier y Orlando Fals Borda, quedaron plasmadas en el Curso básico de vivienda social, del que fueron autores y que tuvo una publicación preliminar por el CINVA en 1958. Fals Borda redactó los capítulos primero y segundo, llamados “Sociología de la vivienda” y “Las pautas culturales de la vivienda: normas y valores”, respectivamente; Albano fue autora del tercero, “La comunidad y la vivienda”, y Vautier del cuarto y último, titulado “La comunidad rural y el mejoramiento de la vivienda”. Finalmente, el apéndice “Apuntes para una metodología de la investigación social en vivienda” fue redactado por Fals Borda. La colaboración entre los tres, permite identificar experiencias y saberes que traían de sus países de origen, mixturados, desafiados y potenciados en ámbito transnacional.
Josephina Albano enfatizó, ya en la década de 1940, la centralidad del factor humano cuando, en Río de Janeiro como figura clave en la organización del campo de la asistencia social, lo introdujo en las primeras experiencias de parques proletarios provisorios para el reasentamiento de la población de favelas (Soares Gonçalves y Benmergui, 2022, p. 113). Esa experiencia nutrió su obra El factor humano en la rehabilitación de tugurios (Albano, 1957) en la cual elabora una metodología de trabajo con la comunidad, estructurada en cuatro fases: preparación, planeamiento, ejecución y evaluación. Según Josephina este trabajo tenía por objeto concebir la familia como principio de cualquier programa de vivienda; por tanto, llamó la atención hacia el “factor humano” como los aspectos humanos y sociales del problema habitacional que debían estar acompañados de un programa educativo, con el propósito de lograr un cambio de hábitos de vida de la población para su integración en la comunidad (Albano, 1957, p. 1).
Eric Carlson presenta esa obra como la compilación de las conferencias de Albano en la Primera Reunión Técnica de Vivienda y Planeamiento, celebrada en Bogotá en 1956 (Carlson, 1957). Albano postuló la participación de los pobladores en las fases de su metodología, con críticas pronunciadas a los proyectos de vivienda para reubicaciones periféricas, o a los “proyectos de vivienda que se planean sobre una mesa de dibujo, a puertas cerradas” (Albano, 1957, p. 3). Su contribución logró instalar la preponderancia del factor humano, haciendo de la participación comunitaria y la educación los pilares de los programas. Al mismo tiempo, hizo la defensa de la asistencia social para “ayudar a la gente a elevar su nivel económico, social y sanitario”, y para integrar la población en la vida comunitaria (Albano, 1957, p. 17).
Para Fals Borda las experiencias de acción comunal serían decisivas para convertir los líderes locales en “la levadura que leuda toda la masa”, para que pudieran continuar el trabajo de los técnicos, entendidos como agentes externos de cambio (Pereira, 2008, p. 377). Esta idea de Fals Borda, citada por Pereira, resalta el papel protagónico del técnico y el líder local; el primero, un actor externo a las comunidades, pero con el conocimiento necesario para alcanzar el mejoramiento y desarrollo comunal y el segundo, un actor capaz de dar continuidad a las enseñanzas del CINVA, al interior de la comunidad.
Hijo de una familia cristiana protestante, alumno de la escuela presbiteriana en Barranquilla, llevó a cabo su educación universitaria en los Estados Unidos, en las universidades de Dubuque, Minnesota y Florida (Pereira, 2008, p. 379). A mediados de la década de 1950, publicó dos libros que le valieron reconocimiento como sociólogo rural: Campesinos de los Andes (1955) y El hombre y la tierra en Boyacá (1957), surgidos de sus tesis de maestría y doctorado, respectivamente. En su contribución al Curso básico de vivienda social, elaborado junto con Albano y Vautier, el sociólogo colombiano propone una “sociología de la vivienda”, distinguiendo sus funciones “intrínsecas” y “colectivas o comunales”. Las intrínsecas, que “hacen a la relación con sus habitantes”, se dividirán en “primarias” -abrigo, alojamiento, intimidad, depósito, salud y subsistencia-, y “complementarias”: religión, facilidades para el trabajo, estética, recreación, educación y administración del hogar (Fals Borda, 1958, pp. 4-11). Las “colectivas o comunales” son las que vinculan la vivienda a su entorno social, ambiente y cultura. La iglesia y el colegio serían los centros de la vida comunal, junto también a “comodidades” como comercios, servicios bancarios, estaciones de servicio, oficinas públicas, correos, etc.
Su análisis del poblamiento desde el punto de vista de la geografía social y los fenómenos de estratificación social, racial y religiosa se hizo en paralelo a los debates de la heterogeneidad estructural de la CEPAL, contribuyendo con un abordaje cultural a los aportes económicos. También demuestra similitudes con el estructuralismo de la CEPAL, la atención especial de Fals Borda a la geografía, al ambiente social y cultural y a la temporalidad. Sobre esto plantea la necesidad de una convergencia entre arquitectos y planificadores con los investigadores sociales, para “diseñar viviendas atractivas, variadas y modificables, que dieran abrigo apropiado a la familia” (Fals Borda, 1958, pp. 27-28). De esta trayectoria resultó su sistematización de la investigación-acción-participación, reuniendo antropología y etnografía, con gran impacto en las ciencias sociales en América Latina.
El arquitecto argentino Ernesto Vautier fue Director del Programa de Vivienda Rural del Centro Interamericano de Vivienda y Planeamiento -CINVA, entre 1953 y 1961, luego de una extensa trayectoria profesional en los ámbitos público y privado, en su país. Vautier estuvo involucrado en programas de vivienda del CINVA en las zonas rurales de Colombia, Brasil, Argentina y otros países latinoamericanos. Sus preocupaciones e ideas en relación con la planificación integral, la acción social, y su vocación por dotar a la vivienda rural de ámbitos de “educación, investigación y documentación” dan cuenta de la intensa circulación de ideas que tuvo lugar en esa zona de contacto transnacional. La necesidad de convergencia entre arquitectura y planificación con las ciencias sociales, que postulaba Fals Borda, y la necesidad de involucrar desde el inicio a la comunidad en los proyectos de vivienda (y no planificar “en una mesa de dibujo”) como postulaba Albano, se materializan en el pensamiento y las acciones de Vautier.
En su capítulo “La comunidad rural y el mejoramiento de la vivienda”, dentro de la obra colectiva Curso básico de vivienda social, Vautier realiza un minucioso análisis de la vivienda rural, y la distingue de la vivienda urbana, destacando la ausencia de infraestructuras y servicios como causa de problemas de higiene y salubridad. Vautier también se adentra en aspectos culturales al señalar una estructura patriarcal más arraigada en el mundo rural, con un modelo de familia con vínculos conyugales (legales o ilegales) estables, por unidad de vivienda y observa también una “promiscuidad intrafamiliar” debido a la escasez de cuartos. Además, repara en un sincretismo entre religión y superstición, aunque también resalta la presencia del cura como una figura de autoridad. Vautier promueve el empleo de materiales y técnicas locales en el mejoramiento higiénico de la vivienda y entiende la precariedad y falta de salubridad como un problema de “educación en el orden cultural y técnico”, mostrando preocupación “de no producir una reacción negativa en alguno o en todos los sectores de esa comunidad, ni producir un conflicto entre generaciones o segregación de grupos” (Vautier, 1958, pp. 3-6).
La integración de saberes por parte de estos tres técnicos se convirtió en programa para superar los confines disciplinares. Hay también, en ellos, un sentido misional, al plantear ir en búsqueda del campesino y no limitar el ejercicio del proceso educativo a un aula sino llegar a la finca, al taller del artesano, al maestro en su escuela, hacer exhibiciones, compartir demostraciones y películas, utilizar la radio, las revistas y los folletos. Vautier plantea el proceso educativo como una carretera de doble mano que no solo “educa” al campesino, sino que transforma al investigador pues “la investigación permite identificarse con los problemas y familiarizarse con la gente” (Vautier, 1958, p. 5).
A lo largo de este apartado hemos mostrado cómo las trayectorias intelectuales y disciplinares de Josephina Albano, Ernesto Vautier y Orlando Fals Borda se entrelazan y articulan en el Programa de Vivienda Rural del CINVA en su breve y extraordinariamente intensa participación en esta experiencia. Sus caminos posteriores dan cuenta de la pregnancia de los saberes construidos en esta zona de contacto transnacional. En su regreso a sus países de origen, la experiencia compartida fue decisiva.
Dentro de biografías mucho más extendidas y complejas, se destacan algunos hitos. Albano fue encargada del Servicio Social de la Companhia de Habitação -COHAB y trabajó en la organización comunitaria de las Vilas Kennedy, Esperança e Aliança, financiadas por la Alianza para el Progreso7. Fue asesora del Serviço Federal de Habitação e Urbanismo de Río de Janeiro en la elaboración de planes directores municipales y dirigió el Centro de Investigación de Vivienda (CENPHA), en la Pontificia Universidad Católica (PUC-Río). A su vuelta a la Argentina, Ernesto Vautier fue nombrado Director de la Comisión de Eliminación de Tugurios de la ciudad de Buenos Aires, para lidiar con una realidad socio-urbana que se había complejizado desde su partida. Desarrolló una metodología de trabajo con la comunidad de las villas miseria que aplicó en tugurios de la Av. 9 de Julio (en el centro de la ciudad) y en el Bajo de Belgrano (cercano al Río de la Plata)8. Impulsó la creación de la Asociación Argentina de Vivienda Rural9 y del posgrado en Planeamiento Urbano y Rural en la Universidad de Buenos Aires. Por último, Fals regresó a Colombia en 1958 y al año siguiente, junto con el sacerdote y sociólogo Camilo Torres Restrepo, fundó la Facultad de Sociología en la Universidad Nacional de Colombia, donde fue decano hasta 1967. Desde el Ministerio de Agricultura lideró en 1961 la Ley 135 de Reforma Agraria que creó el Instituto Colombiano de Reforma Agraria (INCORA) y en 1967 participó de la creación del Consejo Latinoamericano de Ciencias Humanas (CLACSO).
Mirada en perspectiva, la experiencia seminal del CINVA, analizada a partir de los programas e ideas que se entrelazan desde la primera publicación conjunta de Albano, Fals Borda y Vautier, permite distinguir los hilos de una red de saberes, trayectorias biográficas, investigación empírica y experiencias que dan cuenta de marcos teóricos de su época. Los hilos de esa red tejida en el CINVA, como zona de contacto, se extendieron a toda América Latina y fuera de ella, construyendo paradigmas de planeamiento comunal que tuvieron impacto en las formas de pensar y actuar, en relación con la vivienda rural y urbana.
Proyecto de vivienda rural en Chambimbal, Colombia
La segunda mitad de la década del cincuenta fue de gran importancia para el Programa de Vivienda Rural por varias razones; primero, existió un particular interés económico de EEUU10 por la región del Valle del río Cauca para pensar planes regionales de desarrollo económico, lo que determinó la presencia del CINVA en esta región tanto en contextos rurales como urbanos11; segundo, iniciaron, con San Jerónimo (1956), los proyectos de experimentación técnica y extensión rural, convirtiéndose este en referencia para el Programa; tercero, coincidieron, en una acción integral, los tres técnicos Josephina Albano, Orlando Fals Borda y Ernesto Vautier, en el Cursillo sobre Vivienda y Educación Rural (Bogotá, 1957) y los proyectos de Chambimbal en Colombia (1957) y Viçosa en Brasil (1958); y cuarto, iniciaron los Cursillos de Demostración de la CINVA-RAM, en Centroamérica, en 1957 y los Cursos Regionales de Vivienda Rural en diferentes áreas rurales de América Latina en 1958.
En ese contexto, el proyecto Chambimbal, en el marco del VI Curso Regular de Adiestramiento en Vivienda de 1957, se realizó en el caserío El Callejón de la vereda Chambimbal, municipio de Buga, Valle del Cauca. Un poblado rural predominantemente católico, con familias promedio de 6,4 personas, bajo nivel económico, sin servicios directos de salud y bienestar y con la escuela como centro de todas sus acciones comunales (CINVA, 1957, p. 40-51).
Estuvo dirigido por Ernesto Vautier y lo apoyaron como asesores Josephina Albano y Orlando Fals Borda, además del grupo interdisciplinar de ocho becarios: dos arquitectos: Guillermo Gómez Botero (Colombia) y Orlando Mendieta (Panamá), un agrónomo: Hugo Solís (Costa Rica), dos asistentes sociales: María do Carmo Gonçalvez (Brasil) y Nina Chávez (Colombia), dos profesores: Clara Rodríguez (Costa Rica) y Jorge Enciso Arbeláez (Colombia), y un ayudante de malariología Jesús González (Venezuela)12, a ellos se unieron los profesores de Cursos Campesinos y los alumnos del 5º año de la Escuela Normal Agrícola, dependiente del Ministerio de Educación en Colombia (CINVA, 1957, p. 4).
Como se lee en el informe del proyecto, esta misión del CINVA pretendió, “sin desorganizar ni sustituir el proceso tradicional de la producción de las viviendas rurales, obtener que el campesino supere las deficiencias de sus viviendas. Más aún, pretendemos que, el capital humano genere una verdadera multiplicación de su capacidad de producción.” (CINVA, 1957, pp. 1-2).
Para el cumplimiento de dicho objetivo, este proyecto piloto se enmarcó en el desarrollo comunal como camino orientador a través de la organización comunal y el esfuerzo coordinado de vecinos responsables del mejoramiento de la vida y bienestar en la vereda Chambimbal. Todo en una especie de adoctrinamiento institucional, que buscaba, a través del desarrollo comunal, informar a los vecinos sobre el proyecto, cambiar actitudes, lograr participación activa y, finalmente, capacitar a la comunidad para el automejoramiento, “(...) Esto es: despertar en la comunidad el anhelo de mejoramiento, poner en actividad sus valores humanos, materiales y encauzarlos hacia un trabajo metódico a través del estudio de los problemas, los recursos disponibles y finalmente de la programación y ejecución de los planes de acción” (CINVA, 1957, p. 70).
Fue así como el trabajo se estructuró en cinco programas de acción, donde la vivienda ocupó su función integradora.
El primero, la construcción de diagnósticos a través de encuestas, permitió pensar la vivienda como la traducción de factores culturales, económicos y sociales que determinaron las pautas para su planificación como “un todo orgánico” (CINVA, 1957, pp. 53-56). Además, se identificaron tipologías de vivienda con un estudio minucioso de su estructura espacial y constructiva, materialidad, servicios de abastecimiento, etc., que orientaron las recomendaciones para la “Campaña de mejoramiento” (CINVA, 1957, pp. 58-63).
El segundo, la organización de la comunidad, con la conformación de cuatro grupos para el desarrollo del proyecto: la Junta de Vecinos, el Club Femenino, el Equipo Deportivo y la Junta de Patronato Escolar. La Junta de Vecinos de Chambimbal fue el espacio de discusión de los problemas y soluciones, al cual se vincularon instituciones y actores del municipio de Buga como el alcalde, el párroco, el inspector escolar, la Escuela Normal Agrícola, el Centro de Higiene y la emisora y periódico municipal, con posterior divulgación en el periódico Ideal Campestre, creado en el marco del proyecto (CINVA, 1957, pp. 79-80).
El tercero, la construcción de una casa experimental de 75 m2 en terrenos de la Escuela Normal (CINVA, 1957, pp. 64-69), con el objetivo de mostrar a los campesinos y becarios una casa técnicamente diseñada según las realidades regionales y nivel de vida de sus habitantes, construida con materiales y técnicas locales mejorados con asesoría técnica y social.
El cuarto, las campañas de extensión en viviendas, organizadas en: “mejoramiento de viviendas”, “buen manejo del hogar”, “construcción y mejoramiento de letrinas” y “construcción de bloques de suelo-cemento”. De estas, el “mejoramiento del hogar” tuvo gran impacto en la comunidad. Estuvo a cargo de los Clubes Femeninos conformados por amas de casa, que enseñaron la importancia de la vivienda en el desarrollo y felicidad de la familia con temas como la educación de los hijos, la cocina, arreglo de habitaciones, construcción de muebles, fabricación de juguetes, etc. El trabajo finalizó en una exposición en la Escuela.
Finalmente, el quinto, los Cursos Campesinos a alumnos y profesores de la Escuela Normal Agrícola, que abordaron los diversos problemas planteados en la construcción de la vivienda, como programas técnicos, métodos de encuesta, organización comunal y mejoramiento del hogar. Sin embargo, las técnicas constructivas tradicionales rurales, los aspectos culturales y el cursillo, teórico y práctico, sobre suelo-cemento tuvieron especial atención.
El CINVA dejó a la Junta de Vecinos de Chambimbal un documento de recomendaciones frente al cumplimiento de reglamentos, en el sentido de lo que aportaba Fals Borda para la salida del agente externo de cambio (CINVA, 1957, pp. 2-5). Un año después del proyecto de San Jerónimo, Chambimbal fue una experiencia exitosa del Programa de Vivienda Rural. En él, Vautier, Albano y Fals Borda perfeccionaron el método de desarrollo comunal que, en 1958, se implementó tanto en Viçosa, la primera de una serie de misiones de vivienda rural del CINVA en América Latina, como en Siloé y Bello Horizonte, las primeras aplicaciones en contextos urbanos. Todo esto convierte al proyecto Chambimbal, y al programa mismo, en centro de interés académico, intelectual e institucional, por su nutrida circulación de ideas y técnicos, en busca de alternativas experimentales para la vivienda rural latinoamericana de mediados de siglo XX, donde las comunidades hicieron parte de la solución.
A modo de conclusión
En el CINVA, los polos rural y urbano tuvieron mayor convergencia que en otros ámbitos de las ciencias sociales latinoamericanas, tal vez por la naturaleza experimental de sus actividades y las pedagogías de acción comunitaria, puestas en práctica en territorios rurales pensados en continuidad con las ciudades. A pesar de las acciones destinadas a retener las poblaciones en el campo, la escala y la velocidad de las migraciones internas aumentaron en gran proporción la población urbana latinoamericana. La presión poblacional fue de la mano del aumento de asentamientos urbanos precarios que convirtieron a la vivienda en el problema central de las administraciones municipales. En ese contexto, la metodología del desarrollo comunal de la mano del factor humano, utilizados en las experiencias campesinas, fueron valorados, puestos a prueba y reconvertidos en alternativas para la rehabilitación urbana, en el contexto del mejoramiento de la vivienda autoconstruida de poblaciones migrantes habitando en tugurios, villas y favelas.
De lo expuesto a lo largo de este artículo se desprenden algunas consideraciones: en primer lugar, el Programa de Vivienda Rural del CINVA funcionó como una zona de contacto transnacional entre técnicos e instituciones en la búsqueda de soluciones al problema habitacional latinoamericano de mediados del siglo XX. En segundo lugar, estableció relaciones constantes y recíprocas entre áreas urbanas y rurales, lo que permitió construir visiones regionales como alternativas de desarrollo local, en el sentido de disminuir la desigualdad social y territorial devenidas de las condiciones heterogéneas del desarrollismo latinoamericano.
La red articulada por Ernesto Vautier, Orlando Fals-Borda y Josephina Albano que este trabajo analiza puede ser considerada un sólido puente entre el Programa de Vivienda Rural y las acciones de rehabilitación de tugurios en contextos urbanos. Después de sus acciones en el CINVA, los tres técnicos jugaron papeles protagónicos en sus países a través de nuevas vinculaciones institucionales, con importantes aportes a la solución de problemas sociales urbanos y rurales de la población y con un legado teórico y metodológico perdurable.
