Introducción

En el contexto de posguerra, a partir de los años 50, un conjunto amplio de ideas, actores y organismos internacionales pusieron en discusión los diferentes problemas que la miseria ocasionaba en ciertas áreas, denominadas subdesarrolladas o pertenecientes al “Tercer Mundo” (Escobar, 2007). Entre estos debates, el problema habitacional se convirtió en un modo de intervención de la cooperación internacional en los países subdesarrollados. Así, la circulación de expertos, propuestas de programas de vivienda o autoconstrucción y financiación para la construcción de conjuntos habitacionales fueron intervenciones de gran incidencia en la realidad de Latinoamérica (Gorelik, 2022). A los organismos internacionales, principalmente panamericanos, y sus programas -ONU, OEA y BID, entre otros- se integraron Emaús (1954) y otras asociaciones católicas para el fomento de la autoconstrucción y la ayuda mutua en la periferia de las ciudades de la región. El Movimiento Emaús había sido organizado por el Abbé Pierre en París, pero su expansión mundial en los 60 lo transformó en un actor transnacional no gubernamental con influencia en la cuestión habitacional latinoamericana (Brodiez, 2008).

La procedencia europea y católica de Emaús, rápidamente sugiere un flujo de circulación unidireccional norte-sur de ideas, técnicas y expertos, que ya ha sido cuestionado por muchas investigaciones (Ward, 2020; Roy, 2008). Asimismo, los contactos entre el urbanismo latinoamericano y el europeo han producido distintos enfoques para problematizar la presencia de actores internacionales y los contactos centro-periferia (Novik, 2009 Jajamovich, 2013). Con estos antecedentes, Emaús es un objeto de estudio relevante para revisar los circuitos y trayectorias de sus programas de vivienda y autoconstrucción en los espacios donde se encarnaron (Harris y Moore, 2013), y problematizar la multiescalaridad de estas redes y actores (Swyngedouw, 2010), sus movilidades y mutaciones en las transferencias geográficas. Desde este desplazamiento espacial, la teoría del actor-red destaca los cambios en las ideas y las prácticas de planificación cuando se trasladan, modifican y transforman, alterando las redes de actores. En esta línea, Ward (2020, p. 17) afirma que los intermediarios -documentos, planes, libros, técnicos, práctica, y podríamos incluir proyectos habitaciones autoconstructivos- son modos de trasladar los modelos de planificación a otros contextos políticos y diversas locaciones. En relación con esto, los estudios sobre ONG advierten acerca de la multiplicidad de escalas que las conforman (Kenck y Sikkikn, 2000). Las ONG no solo se despliegan como actor-red con movilidad transnacional, regional o nacional, sino que simultáneamente se constituyen como actantes con inserción territorial local, retroalimentando el entramado. Por esto, la perspectiva multiescalar aporta otra lectura para analizar la agencia de Emaús en Argentina en los años 60.

Asimismo, las prácticas de estos actores católicos y sus organizaciones han sido indagadas por diferentes investigaciones dedicadas a la vivienda y la autoconstrucción en Argentina y Latinoamérica. Por un lado, algunos trabajos plantearon la presencia de la asociación Emaús en Argentina, vinculada a las problemáticas de vivienda entre los 50 y 60 (Durante, 2022; Gomes; 2020; Lida, 2012). En esta línea, se destaca la instalación de Emaús en Río de Janeiro y su participación en la construcción de viviendas en las favelas (Soares Goncalves, et. al. 2010). También, existen estudios vinculados a las redes internacionales de la Iglesia, la presencia de sus sociólogos europeos en países de Latinoamericanos como Uruguay, Chile y Argentina, y la difusión de las ideas del desarrollo relacionadas con la autoconstrucción y el cooperativismo (Beigel, 2011; Gutiérrez, 2012; Méndez, 2025). Por otro lado, resultan relevantes las investigaciones centradas en la circulación de saberes que rastrean los programas habitacionales y de autoconstrucción, financiados y asesorados a través de la ayuda panamericana en los países de toda la región (Gorelik, 2022; Benmergui, 2012). Dentro de esta línea, existe un contacto entre las experiencias de “autoconstrucción asistida” y el CINVA como centro regional de formación de expertos y circulación de saberes sobre la vivienda rural y urbana (Brizuela, 2023; Raffa, 2025).

Con este marco, el presente artículo analizará la inserción y articulación de Emaús como actor transnacional no gubernamental en el territorio local, a través del despliegue de algunos proyectos autoconstructivos en Buenos Aires, Santa Fe y Rosario en los 60. Esta propuesta de análisis multiescalar indagará, desde la dimensión global, la formación de la Asociación Emaús en París y el desarrollo de sus organizaciones destinadas a la vivienda social, contemplando su crecimiento, expansión mundial y su conexión con Latinoamérica. Desde la dimensión regional, se explorarán los vínculos de Emaús y el padre Balista con la Alianza para el Progreso, el Centro Interamericano de Vivienda (CINVA) y Centros de Investigación y Acción Social (CIAS) que aportaron asistencia técnica y financiamiento para fomentar la autoconstrucción en Argentina. Y, desde la dimensión local, se revisarán las articulaciones entre la ayuda mutua y la autoconstrucción asistida que Emaús coordinó para materializar los proyectos autoconstructivos de las distintas villas miseria.

Para ensamblar las distintas dimensiones de este enfoque multiescalar, se recurrió a una metodología cualitativa de reconstrucción histórica de la agencia de Emaús en Argentina. Desde la historia urbana y los estudios territoriales, se combinaron fuentes documentales con abordajes interpretativos para explorar los actores y territorios que integran este entramado conformado por Emaús en su expansión latinoamericana. Asimismo, se revisaron documentos de su fundador argentino, el padre José Balista, notas de revistas nacionales, periódicos rosarinos, y bibliografía centrada en la historia de la organización. Las acciones de Emaús como asociación civil muestran una de las múltiples formas de intervención de las concepciones internacionales acerca de la vivienda en la política habitacional local en los años 60 y son un antecedente para el estudio de la participación de las ONG en la cuestión habitacional, reglamentada a partir de UN-Hábitat (1976).

Global

En 1947, el Abbé Pierre comenzó la organización Emaús en París, respondiendo a los problemas sociales de la posguerra y amparando a las personas sin hogar. Bajo la dirección de este sacerdote católico, la orden de los monjes de la miseria difundió la recolección y venta de ropa usada, trapos y botellas para solventarse. En parte, como consecuencia de la falta de compromiso del gobierno francés con el problema de la vivienda, el padre Pierre llamó a una gran movilización social, la Insurrección de la bondad, a principios de 1954. A partir de eso, Emaús se transformó en la Asociación Emaús y contó con una estructura organizativa, conformada por un consejo administrativo de miembros civiles de relevancia, socios que realizaban pequeños aportes de dinero, y la posibilidad a través de sus distintas organizaciones de recibir donaciones de privados (Brodiez, 2008). Más allá de constituirse en el marco de la cooperación internacional y la formación de la ONU en la segunda posguerra (Grosso Rincón, 2013), su estructura descentralizada y la coordinación de diferentes y cambiantes instituciones ha definido a Emaús más como un movimiento que como una asociación civil (posible ONG), orquestado bajo la figura del Abbé Pierre y sus viajes. Ante esta compleja trama, el Movimiento Emaús no dejó de realizar la acción trapera, tanto como se ocupó de los sin techo y la crisis de la vivienda de Francia, extendiendo la formación de comunidades como la parisina a toda Europa entre los 50 y los 60.

Sin embargo, esta estructura descentralizada permitió la formación de ciertas organizaciones dependientes de Emaús que, luego, se desarrollarían como instituciones independientes. Algunas de ellas fueron importantes para comprender la relación de Emaús y la Iglesia católica y, a la vez, la difusión de las ideas del desarrollo que ambas promocionaron. En esa línea, tres de estas instituciones se vincularon con el problema de la vivienda y el fomento de soluciones habitaciones, y son un antecedente para pensar la difusión de la ayuda mutua y la autoconstrucción de Emaús en Latinoamérica. La primera es la sociedad anónima para la construcción de viviendas, dependiente de Emaús y destinada al programa de viviendas HLM (Habitaciones de alquiler moderado)1. Ante la emergencia habitacional, Emaús se incorporó al programa Doce mil ciudades de urgencia o tránsito, que el gobierno francés lanzó para construir Viviendas Económicas de Primera Necesidad (VEPN) (Brodiez, 2008).

Además de esta inserción en la construcción de viviendas sociales, Emaús creó otras dos asociaciones vinculadas a la asistencia habitacional. Por un lado, la Unión de ayuda a los sin hogar (UNASL) con medidas paulatinas y caritativas destinadas a alojar familias sin hogar y personas en situación de calle2. Esta organización se convirtió en un “sindicalismo de la vivienda”, denominado Confederación General de Vivienda (CGL) (Brodiez, 2008). La CGL consideraba que su labor con la vivienda era como la del sindicalismo con el movimiento obrero. Aunque en este proceso de sindicalización, muchos de los antiguos colaboradores de Emaús dejaron de participar, la CGL incorporó militantes obreros de la izquierda cristiana. Y, sus acciones se centraron en el squatting o movimiento okupa, el acceso a la propiedad de la vivienda y la creación de secciones de inquilinos.

Por otro, la tercera de estas instituciones fue el Instituto de Investigación y Acción contra la pobreza mundial (IRAMM) que el Abbé Piere desarrolló en 1955, después de comenzar con sus viajes. Este ente se interesaba por estudiar las relaciones de la miseria con otros aspectos como las enfermedades, el analfabetismo, el desempleo y el hambre, en los países donde existían situaciones de emergencia. Sin embargo, la acción territorial del IRAMM se concentró en Francia, bajo la dirección de Yves Goussault3. El principal aporte de sus investigaciones sobre el problema de la vivienda se obtuvo con una amplia encuesta que detallaba las malas condiciones habitacionales. Al parecer, este relevamiento se inspiró en el cuestionario que había realizado el padre dominico Louis Joseph Lebret con su asociación Economía y Humanismo a pedido del gobierno francés, durante la reconstrucción urbana de posguerra.

El IRAMM coincidió con una organización dentro de la Iglesia católica, Pax Christi, que desde 1953 se vinculó con el Socorro Católico y la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), postulando la ayuda a los extranjeros y la futura Campaña de ayuda técnica a los países subdesarrollados (1955) (Barrios de Villanueva, 2013). Estas primeras acciones se convirtieron en la campaña de la Iglesia católica contra el hambre en el mundo, bajo el Comité Católico Contra el Hambre (1961)4. En este marco, el IRAMM se integró a una nueva organización internacional, Asociación Mundial de Lucha contra el Hambre (ASCOFAM), en 1956. El presidente de la FAO Josué de Castro5, a pedido del padre Lebret, se reunió con el Abbé Pierre para su creación, acordando que su actuación seguiría los pasos de la FAO. A partir de este acuerdo tripartito, el ASCOFAM se conformó de dos secciones: información y educación pública, dirigida por el IRAMM, y documentación, investigación y formación a cargo de Economía y Humanismo. Esto potenció la dimensión internacional de la organización, y de sus miembros, aunque las relaciones entre FAO, Economía y Humanismo y el IRAMM estuvieron lejos de ser armónicas. Para fines de los cincuenta, Emaús y el Abbé dejaron de integrarla y el IRAMM se transformó en un instituto independiente.

En paralelo, los viajes de Pierre a diferentes lugares del mundo y la experiencia de participación en organismos internacionales que habían abierto estas instituciones posibilitaron una nueva transformación de la asociación en Emaús Internacional en 1969. Como en su desarrollo europeo, la internacionalización de Emaús reunió un conjunto de iniciativas aisladas e inspiradas en las ideas y el apoyo del Abbé Pierre que se consolidaron con numerosos dirigentes y militantes católicos alrededor del mundo (Brodiez, 2008). En esa línea, América Latina se convirtió en el continente con mayor expansión de Emaús fuera de Europa, durante los 60. Los casos de Argentina y Perú fueron emblemáticos, ya que las asociaciones civiles que se convirtieron en Emaús existían antes del llamado del Abbé Pierre. Las mismas habían sido creadas por sacerdotes, basados en el trabajo trapero y la acción social en las periferias de las principales ciudades de esos países. Puntualmente, el contacto entre el Abbé Pierre y el padre José Balista en 1958, futuro representante de Emaús en Argentina, parecía anunciar la expansión de Emaús en Latinoamérica y los cambios que la Iglesia católica propiciaba allí.

Regional

El padre Balista viajó a Europa en 1958 para invitar a Pierre a ver la acción de Emaús en la ciudad de Buenos Aires. Al año siguiente, este visitó las viviendas de la cooperativa Tabaré, analizadas en el siguiente apartado (Balista, 1984, p. 94). Asimismo, la sede porteña de Emaús, fundada en 1952, a cargo del mencionado sacerdote jesuita desarrollaba proyectos comunitarios, educativos y de autoconstrucción de viviendas en villas miseria de Argentina. A la luz de las acciones que Emaús llevó adelante en los años cincuenta en París, se comprende la inspiración de la sede local para construir viviendas en los barrios populares de ciudades como Buenos Aires, Rosario y Santa Fe. En esta línea, la Asociación Civil Emaús Buenos Aires organizó la construcción de sus intervenciones habitacionales, generalmente con trabajo de sus futuros ocupantes y los miembros de la asociación, que variaban entre mejoras de infraestructura, núcleos sanitarios o prefabricadas, y vivienda social. En estas acciones, también, se contaban con la participación de muchos voluntarios miembros de la asociación (Gomes, 2020; Durante, 2022). La capacidad de acción y articulación que Emaús desarrolló en la periferia de algunas ciudades6 determinó su relevancia, pero fue su principal representante, el padre Balista7, quien dirigió la asociación y se transformó en un experto en vivienda. Posteriormente sería el primer vicepresidente de Emaús Internacional, entre 1971-1981.

Esta inserción latinoamericana de Emaús se potenció cuando Argentina se integró a la Alianza para el progreso en 1961 que provocó la promoción de los organismos de planificación argentinos y potenció la relación con los entes internacionales de ayuda técnica y financiamiento. Así, se creó el Consejo Nacional de Desarrollo (CONADE), en extremo cercano a organismos como el Consejo Económico para América Latina (CEPAL), estos alineamientos produjeron estrechas redes y convenios de actores, saberes e instituciones panamericanas (Grondona, 2014). Con este marco planificador, la CONADE presentó el Plan Nacional de Desarrollo (1965-1969) que desplegaba metas a largo plazo y se alejaba de los ritmos políticos coyunturales. Dentro del mismo, la sección dedicada a vivienda habilitaba la financiación de créditos habitacionales para sectores medios y bajos, a través del empleo de recursos públicos. Para esto, se consolidaron las funciones del Banco Hipotecario Nacional (BHN) como ente estatal autárquico. Entre sus nuevas metas, el organismo se encargaría de formular los programas habitacionales bajo los preceptos del desarrollo (Ballent, 2014). Sin embargo, los fondos de financiación se obtuvieron con un gran crédito externo, otorgado por el BID en 1962 que originó el Plan Federal de Vivienda (Decreto-ley 1141/63).

Este objetivo desarrollista era coincidente con la propuesta de la Iglesia católica y su Concilio Vaticano II (1962). Por esto, la Compañía de Jesús, siguiendo a su Superior General Jean-Baptiste Janssens (1946-1964), se dedicó a establecer centros destinados a la articulación entre las actividades científica y la acción social. Para fortalecer este nuevo campo de investigación social, la Compañía envió a recorrer Latinoamérica a un visitador en 1955 que dispuso la organización de los CIAS, en varios países y propuso la formación de jóvenes jesuitas en Europa o EE.UU., a través de estudios de posgrado (Bulcourf y Cardozo, 2021). Balista participó en la primera etapa del CIAS del Buenos Aires (1957), realizando diferentes aportes al estudio de la vivienda de familias de menores recursos. Además de él, el CIAS argentino, agrupó a sacerdotes educados en universidades extranjeras como los padres Antonio O. Donini, Alberto J. Sily, Fernando Storni, Vicente Pellegrini, entre otros, preocupados por los problemas sociales y económicos de Argentina y de América Latina (Bulcourf y Cardozo, 2021). Sus estudios sociales promovieron “realizar investigaciones, encuestas, publicaciones y otras formas de actividades tendientes a urgir en Argentina la solución a los problemas socioeconómicos, para eliminar la miseria y la injusticia social” (Balista, 1965). Con este marco de investigación, y preocupado por realizar aportes a la implementación de Plan Federal de Vivienda, Balista publicó su libro Aspectos humanos de la vivienda (1965) en la colección de Ciencias Sociales del CIAS con prólogo de Ernesto E. Vautier8.

Cabe subrayar que la relación con el arquitecto Vautier, un experto en vivienda rural, evidenciaba la experiencia que Balista había tenido en 1962 como becario del CINVA (Posso Hernández, 2019, p. 69)9. El CINVA (1951-1972) había sido creado por la Unión Panamericana, siguiendo los programas de cooperación técnica de la Organización de Estados Latinoamericanos (OEA). Establecido en la Universidad de Colombia en Bogotá, esta organización brindaba a profesionales latinoamericanos cursos de vivienda urbana y rural, desde su dimensión constructiva, económica y social, a cargo de docentes como Vautier (Gorelik, 2022). Desde la cooperación panamericana, se compartía el diagnóstico del creciente del déficit habitacional latinoamericano y la búsqueda de alternativas a la vivienda llave en mano para subsanarlo (Benmergui, 2012). En esa línea, el CINVA centraba la acción constructiva en los habitantes rurales y urbanos para resolver el problema habitacional, combinando la integración tecnológica, la reducción de los costos y la autoconstrucción a través del trabajo comunitario (Brizuela, 2023). Estas dimensiones técnicas se incorporaban a las políticas de vivienda de cada país, a través de la participación de los técnicos del CINVA (Raffa, 2025).

Contemplando esta formación y sus estudios para el CIAS, una de las ideas centrales del libro de Balista era que para desarrollar “los programas de viviendas de interés social”, los gobiernos de los países latinoamericanos debían realizar aportes económicos, o buscar financiación, aunque la ejecución de los mismos a cargo del Estado demandaba una gran burocracia y una tendencia al clientelismo electoral (Balista, 1965, p. 85). Por lo tanto, un modo más efectivo de hacer estos procesos y optimizar los recursos “es dejar estos programas a instituciones intermedias sin finas de lucro” (Balista, 1965, p. 88) como Emaús. Desde este planteo, Balista (1963) también analizó el Plan Federal de Vivienda10. En este artículo destacaba las funciones de las entidades intermedias como las “asociaciones civiles sin fines de lucro”, entre otras (sindicatos, cooperativas, empresas, entidades de bien público, municipios, provincias, BHN), que producían una mejor articulación para la tercera línea del plan: vivienda social y erradicación de barrios de emergencia, pero no eran exclusivas de ella.

Asimismo, según el análisis de Balista, la novedad del plan era la incorporación de la autoconstrucción que preveía una forma especial de crédito para ciertos casos, incluidos en la línea de vivienda social (Balista, 1963, p. 104). De este modo, el Plan Federal de Vivienda, además de todas sus influencias regionales, incorporó la autoconstrucción que Emaús ya estaba desarrollando en las villas miseria de las ciudades argentinas.

Local

Los proyectos habitacionales de la Asociación Civil Emaús Buenos Aires se consideran las primeras experiencias de “autoconstrucción asistida” de la Argentina11 (Gomes, 2020; Durante, 2022). Entre las cooperativas y los proyectos habitacionales que la asociación coordinó (Lida, 2012), la cooperativa del barrio obrero de Villa Saavedra en la zona noroeste de la ciudad de Buenos Aires, junto con Emaús y los vecinos que la integraban, fueron de los primeros grupos en resolver por autoconstrucción el problema habitacional de más de 400 familias en situación de emergencia. En 1957, en la reunión que los miembros de la cooperativa mantuvieron con el gobierno de turno expresaron una idea que dominó la acción de la asociación civil: “La solución total del problema no incumbe solamente al gobierno, sino también al pueblo y a las instituciones privadas” (Fue considerado por el gobierno el problema de la vivienda popular, 1957, p. 8).

Desde Emaús, se considera perentorio que “los necesitados de vivienda tomen en sus manos la solución del problema” (Balista, 1984, p. 14). En parte, y siguiendo a Turner, esta participación del usuario era la base de la autoconstrucción, pero se encontraba asistida por los técnicos, el municipio y los organismos de crédito que generaban el marco planificador para que el proyecto habitacional se incorporara a la trama urbana (Balista, 1984, p. 15). Como se explicó, el Plan Federal de Vivienda (1965) otorgaba ciertas condiciones para realizar la autoconstrucción asistida. Sin embargo, las acciones de Emaús en las villas miseria, también, se sostuvieron por ideales católicos como esfuerzo propio y ayuda mutua que se transformaron en pilares de la organización. Siguiendo las enseñanzas del Abbé Pierre y la acción trapera para el autosustento de la asociación, se puede resignificar la construcción comunitaria que Emaús desplegó. Por esto, Balista recuperaba la idea de “que por más generosa que sea la ayuda del Estado para permitir el acceso a la vivienda de las familias de menores recursos, debe exigírseles siempre un mayor esfuerzo a su alcance” (Balista, 1965, p. 84).

Figura 1

Figura 1.   Foto actual de las viviendas de Tabaré. Fuente: Google Maps.

Figura 2

Figura 2.   Plano de la ubicación en la manzana. Fuente: Balista (1984, p. 129).

Figura 3

Figura 3.   Plano de los módulos habitacionales Tabaré (1° etapa). Fuente: Balista (1984, p. 130).

En esa línea, el caso de Tabaré en Villa Lugano, zona suroeste de la ciudad de Buenos Aires, muestra un proceso autoconstructivo sostenido por las acciones comunitarias de Emaús que, en su primera etapa, no recibió financiamiento estatal (Balista, 1984). Entre 1957 y 1968, en Tabaré se construyeron 50 viviendas con el objetivo de erradicar la villa miseria. El terreno donde se encontraba la villa, una manzana entre las calles Tabaré, Tellier (Lisandro de la Torre), Madariaga y Timoteo Gordillo, había sido adquirida por Emaús. Esta fue la única donación que realizó la asociación, pero su principal tarea fue articular el trabajo de los usuarios con el trabajo voluntario de los colaboradores. Para esto, dos asistentes sociales vivieron en la villa y organizaron las tareas comunitarias entre los arquitectos, los encargados de las obras y los habitantes que poseían distintas opiniones acerca de la construcción (Balista, 1984, p. 87). Aunque el aporte económico de las familias era mínimo, los vecinos otorgaban muchas horas de trabajo extra a sus actividades laborales para sostener el ritmo constructivo. Con esta dinámica, recién en 1964 se adjudicaron sólo 14 viviendas de la primera etapa. Por el contrario, en la segunda etapa del proyecto, los créditos del Plan Federal de vivienda permitieron construir 36 viviendas en tres años (Balista, 1964).

En paralelo al crecimiento de la asociación en Buenos Aires, Emaús seguía el modelo expansivo de su par europeo, pero hacia el interior de Argentina. Como parte de este proceso, en 1958, el propio José Balista visitó la ciudad de Santa Fe para promocionar y organizar la acción de Emaús junto al padre Enrique Novillo, representante en la ciudad (El Litoral, 1958). La experiencia santafesina se benefició de la visita del Abbé Pierre en 1963. El padre llegó a la capital provincial para apoyar las distintas obras asistenciales y las colectas anuales de trapos, botellas y ropa usada para obtener fondos. Durante su visita, recorrió el inicio de las 16 viviendas que se edificaban en el Barrio Centenario por autoconstrucción y “ayuda mutua” para la población de un barrio de emergencia (1963-1968), junto a la próxima a la sede de la asociación civil (Existe sólo una dicha: la que produce eliminar la miseria de la tierra. Dice el abate Pierre, 1963). Asimismo, en 1965, a este proceso constructivo se sumó el Instituto Provincial de Vivienda (IPV) que gestionó fondos del Plan Federal de Vivienda (1965) para concluir las viviendas (Es avanzado el estado de construcción de las viviendas que construye Emaús en Centenario, 1968).

A pesar de su posterior organización en los 60, Asociación Emaús de Rosario12 realizó sus colectas de trapos, papeles y botellas para los sin techo como modo de obtención de ingresos para su obra benéfica (Piense en los sin techo…, 1965; Emaús reclama colaboración de empleados, obreros y profesionales para realizar un plan social de viviendas, 1967). Su trabajo asistencial comenzó en una villa de emergencia, entre las calles Génova y Sánchez de Loria, en Fisherton, originada por la erradicación de su población de la costanera rosarina para edificar obras viales (CEPyF, 1969, pp. 15-17). La asociación había instalado dos centros de alfabetización y una escuela primaria que se había concretado en 1964, donde también se trabajaba con el apoyo a las infancias (CEPyF, 1969, p. 15-17). Asimismo, a pedido del Servicio Público de la Vivienda (SPV) y el Municipio, Emaús fue solicitada para implementar “técnicas de desarrollo comunitario” con la población de la villa miseria (Habilitará EMAÚS 90 viviendas prosiguiendo con su loable acción, 1968). A través de las ideas del “esfuerzo propio”, los vecinos ordenaron el loteo de los terrenos de las 60 familias y construyeron veredas (CEPyF, 1969, pp. 15-17). Además, realizaron la provisión de agua potable, construyendo baños y duchas en el albergue de tránsito para mejorar las condiciones habitacionales del barrio (Habilitará EMAÚS 90 viviendas prosiguiendo con su loable acción, 1968). A partir de este proceso, el barrio y la villa se denominaron Emaús. La asociación Emaús y la organización comunitaria de los vecinos perduraron hasta 1986, cuando a través de la Cooperativa de vivienda Ayuda Mutua-vivir SRL autoconstruyeron 106 viviendas en los terrenos de la villa Emaús, que donó el SPV.

A estas primeras acciones comunitarias, se sumó un proyecto de viviendas prefabricadas en el barrio de Empalme Graneros, en la zona noroeste de Rosario. Así, se comenzaron a construir 6 viviendas prefabricadas, un núcleo sanitario con seis baños y dos bombas para proveer agua potable, como parte del plan de realojamiento destinado a los damnificados por las inundaciones que habitaban las villas miseria del área (Emaús reclama colaboración de empleados, obreros y profesionales para realizar un plan social de viviendas, 1967). Este proyecto, ubicado entre las calles J. B. Justo y Colombia, contaba con el asesoramiento técnico de asistentes sociales y arquitectos miembros de Emaús, la colaboración de voluntarios para la construcción, y el financiamiento de la asociación (sus colectas, las cuotas de sus socios y donaciones de materiales) e instituciones privadas (Habilitará EMAÚS 90 viviendas prosiguiendo con su loable acción, 1968). Este pequeño conjunto fue solventado completamente por la Asociación Civil Emaús de Rosario que lo concluyó en 1968.

Figura 4

Figura 4.   Foto actual de las viviendas (barrio Empalme Graneros). Fuente: Google Maps.

Figura 5

Figura 5.   Plano de ubicación en la manzana. Fuente: Catastro Municipal de Rosario.

Figura 6

Figura 6.   Croquis de las fachadas de las viviendas (Calle Juan B. Justo). Fuente: Catastro Municipal de Rosario.

En la manzana contigua a las viviendas prefabricadas, en 1965, el Concejo Municipal de la ciudad de Rosario habilitó a la Asociación Emaús a comenzar la edificación por autoconstrucción de las 90 viviendas de un Plan de erradicación para villas miseria (DSHCD, Exp. N° 34.269-E-964). El órgano legislativo autorizó los planos del loteo del terreno adquirido, entre las calles Juan B. Justo entre Nicaragua y Méjico, donde los propios vecinos serían la mano de obra para levantar sus casas (Hombres y mujeres de EMAUS, con un crédito hipotecario y su trabajo personal, levantarán sus futuras viviendas, 1965). La obtención de los fondos del BID por el Plan Federal de Vivienda se combinó con la participación de Emaús en la construcción y la asistencia social a los adjudicatarios, seleccionados por su necesidad de techo (Habilitará EMAÚS 90 viviendas prosiguiendo con su loable acción, 1968). Aunque la construcción se dilató, el conjunto habitacional se concluyó a principios de los 70.

En los distintos proyectos autoconstructivos enunciados aquí, se observa la combinación de acciones comunitarias territoriales con acciones de asistencia técnica y financiera que se requerían para materializar las viviendas. La ayuda externa sólo parece obtenerse, una vez que Emaús había consolidado su presencia territorial en la periferia de las mencionadas ciudades.

Conclusiones

Este artículo se propuso trazar un mapa multiescalar de la agencia de la Asociación Civil Emaús en la cuestión habitacional de los años 60, recuperando las acciones locales de la organización destinadas a la vivienda en la periferia de algunas ciudades argentinas. Para desplegar dicha perspectiva, primero, se trabajó desde la dimensión global de la organización, explicando la implicación de su fundador el Abbé Pierre y sus distintas organizaciones parisinas dedicadas a los problemas de la vivienda europea. A partir de estas instituciones y la expansión mundial de la asociación, se describieron las vías de contacto con Latinoamérica, y en especial con Argentina. Desde la dimensión regional, nuestro país fue una de las principales sedes latinoamericanas de Emaús, en parte, por el rol de su representante el padre José Balista. Su formación sociológica y su acción pastoral en el territorio, le permitieron participar del entramado que abrió la Alianza para el Progreso y vincularse a instituciones regionales como el CINVA y el CIAS. Y, desde la dimensión local, estas redes europeas y latinoamericanas se ensamblan con las acciones territoriales de Emaús en Argentina. La concreción de los distintos proyectos habitacionales y autoconstructivos que Emaús coordinó en sus sedes de Buenos Aires, Santa Fe y Rosario, evidencian una articulación entre los saberes técnicos sobre la autoconstrucción asistida que difundían los organismos panamericanos, y los ideales de ayuda mutua que transmitía el Abbé Pierre con su movimiento, apoyados por las acciones pastorales católica posconciliares. Y, al mismo tiempo, son el testimonio material del trabajo autoconstructivo de los propios habitantes en el territorio.

Lejos de presentar una visión acabada, este artículo exploró el complejo entramado de actores, saberes e instituciones que influyeron en el desarrollo de la autoconstrucción asistida en nuestro país y subrayó la relevancia del Plan Federal de Vivienda de 1965 para la aplicación de esta alternativa constructiva. Asimismo, los distintos proyectos habitacionales enunciados en este trabajo requieren un análisis más pormenorizado de cada experiencia, pero sólo se los presentó con el objetivo de aunar las acciones de Emaús como asociación civil, más allá de cada caso. En este sentido, se espera que este trabajo sea un aporte para complejizar los estudios de la relación global-local, invirtiendo la mirada desde el territorio local de las villas argentinas hacia las intervenciones de un actor transnacional no gubernamental como la Asociación Civil Emaús. Por último, se buscó colaborar con las investigaciones que trabajan la relación entre las organizaciones católicas, la vivienda y cooperación panamericana para profundizar la historia del hábitat popular de los 60 en Argentina.