Introducción: el patrimonio de América Latina y la mirada internacional
Durante la primera mitad del siglo XX, la concepción del patrimonio1 estuvo marcada por una perspectiva eurocéntrica que influyó en sus propósitos, categorías y objetos de estudio, así como en la interpretación de lo que se entendía por cultura. Esta visión limitó la diversidad de miradas y redujo la apreciación de otras tradiciones culturales. Los enfoques teóricos elitistas y monumentalistas tuvieron influencia directa en las primeras normativas internacionales: la Carta de Atenas (1931) y la Carta de Venecia (1964) (Menchero, 2023).
Tales perspectivas, sin embargo, comenzaron a superarse a fines de los años sesenta, cuando la conservación del patrimonio construido en América Latina, particularmente de sus centros históricos2, captaron el interés de los gobiernos locales y los organismos internacionales de salvaguarda. En ambas escalas, el patrimonio americano se integró a las agendas como estímulo de la actividad intelectual y artística y como factor de desarrollo local. De hecho, en la Reunión de Punta del Este de 1967, que tuvo el objetivo de fortalecer la Alianza para el Progreso, se explicitó el común propósito de dar un nuevo impulso al desarrollo del continente americano, aceptándose manifiestamente que los bienes del patrimonio cultural representaban un valor económico y eran susceptibles de erigirse en instrumentos del progreso (Reunión de jefes de Estado americanos, 1967).
A raíz de este avance en la valoración del patrimonio, que ya estaba siendo operativizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) mediante proyectos enfocados en la restauración de monumentos y edificios coloniales en ciudades como La Paz, Oruro, Potosí y Cochabamba (1966), comenzaron a movilizarse profesionales latinoamericanos y europeos para elaborar recomendaciones sobre la preservación del patrimonio en América Latina. Así surgieron las Normas de Quito, instrumento publicado en 1967 que detalla los problemas específicos del continente, establece una conceptualización propia del centro histórico, incluyendo los aspectos socioeconómicos e inmateriales, y el manejo político del patrimonio (Menchero, 2023). Fue uno de los primeros documentos en abordar la situación y el deterioro del patrimonio cultural urbano de la región, y en señalar la falta de instituciones y recursos destinados a su protección.
La predisposición de los gobiernos, sumado a la escasez de recursos locales, favoreció la incursión progresiva de diversos organismos e instituciones de cooperación y financiación internacional que comenzaron a ampliar su escenario de actuación de lo económico a lo cultural (UNESCO, 1966). En los años setenta, además, se redactaron otros documentos, como la Resolución de Santo Domingo (1974), y el Nuevo Coloquio de Quito (1977), por iniciativa de la Organización de los Estados Americanos (OEA)3, que buscaron priorizar aspectos habitacionales y de infraestructura frente a la mera restauración monumental de los centros históricos (Menchero, 2023, p. 3).
En ese contexto, aparecieron proyectos destacados, como los del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) 4 que, en colaboración con la UNESCO, brindaron asistencia a los gobiernos de América Latina y el Caribe. Uno de ellos fue el Proyecto Regional de Patrimonio Cultural/Urbano-Ambiental (RLA/PNUD), ejecutado entre 1976 y 1995. Su propósito fue brindar formación, estableciendo centros de conservación y realizando estudios y proyectos para la protección del patrimonio cultural tangible e intangible.
El capítulo argentino de aquel proyecto se ejecutó junto a la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos (CNMMyLH)5, entre 1986 y 1988, y se denominó Elaboración de propuestas para la conservación y rehabilitación de pueblos y ciudades históricas (Hardoy et al., 1988, p. 102). Fue coordinado por el arquitecto Jorge E. Hardoy, presidente de la Comisión. En su trayectoria se destacan vínculos anteriores a este proyecto, con organismos internacionales en su rol de planificador, pero también una red de relaciones con otros expertos, como el arquitecto Ramón Gutiérrez, que explicarían el ingreso de Argentina al RLA/PNUD.
El objetivo de este artículo es indagar en las particularidades del proyecto interamericano y su aplicación en nuestro país. Nos interesa comenzar a establecer cómo funcionaron las redes de colaboración entre expertos locales y foráneos que facilitaron la incorporación de Argentina a ese programa.
Posicionamiento y metodología
Los análisis sobre circulación internacional de saberes y políticas asociados al patrimonio urbano se han centrado en el tratamiento sobre centros históricos como principal foco de acción, en dos escalas. Por un lado, la vinculada a los aspectos financieros y técnicos impulsados por organismos internacionales (Menchero, 2023) y a la acción de los programas de cooperación y actores en la rehabilitación de centros históricos, particularmente en las compilaciones de Carrión (2001 y 2007). Por otro, en el rescate de las acciones coligadas a las instituciones de salvaguarda nacionales (Pérez Winter, 2017; 2020), y de las posiciones de agentes e instituciones y sus vínculos (Gutiérrez y Viñuales, 2022; Schávelzon, 2008; Collado, 2015). Es en el cruce de todos estos tópicos donde situamos nuestro trabajo.
Entendemos que la interrelación entre organismos internacionales, que encarnan la cooperación vertical, y las redes académicas de formación, gestión e investigación que concentran en nuestro caso, la cooperación horizontal, puso a la vista un interés por la preservación patrimonial que trascendió las fronteras nacionales y que entendió a la conservación del patrimonio como una tarea común. Esta posición resultó fundamental para la conformación del campo profesional ligado a la conservación del patrimonio en Argentina, cuya creciente valoración comenzó a posicionarlo como eslabón necesario del desarrollo urbano.
Sobre la base del método histórico, el abordaje que se propone es de tipo cualitativo y está basado en revisión bibliográfica y en el análisis de informes y publicaciones editados por el PNUD/ UNESCO, que especifican tanto los objetivos del proyecto, como sus resultados. A esto sumamos la descripción de las trayectorias de agentes claves, quienes, a través de las posiciones sucesivas ocupadas en los distintos estadios del campo de la conservación patrimonial, colaboraron en aquel proceso.
Hablamos de campo en términos de Bourdieu (1997) como un espacio social estructurado y relativamente independiente, con reglas y lógica propias, integrado por agentes que ocupan posiciones diferenciadas por la suma, particularmente en nuestro caso, de sus capitales social (redes de relaciones), cultural (conocimiento, educación) y simbólico (prestigio, reconocimiento).
El Proyecto Regional de Patrimonio Cultural/Urbano-Ambiental
El RLA/PNUD tuvo su sede en Lima, Perú, durante casi diecinueve años en los que estuvo a cargo del conservacionista de origen turco Sylvio Mutal.
Empezó con seis países participantes en la región andina: Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela, y se extendió a más de veinte países latinoamericanos a lo largo de su ciclo6. Con un presupuesto de u$s 20.000.000 para asistencia técnica7, en el marco del proyecto se crearon dieciséis centros de conservación, que supusieron casi 1500 graduados con formación específica sobre técnicas de conservación del patrimonio, a través de cursos de entre seis y nueves meses de duración celebrados en Cusco entre 1975 y 1981 (Mutal, 2001, p. 122). Capacitaciones similares se dictaron en Córdoba, Belo Horizonte, Bahía, México, Bogotá y Tucumán, extendiéndose gradualmente a La Habana y el Caribe.
Asimismo, los centros de estudio e investigación en restauración y rehabilitación de ciudades como Florencia, Madrid, Roma y Bruselas acogieron a estudiantes latinoamericanos de posgrado. La dinámica del programa se enriqueció con numerosos coloquios que reunieron a arquitectos, planificadores urbanos y economistas, entre otros, facilitando el intercambio de ideas y la elaboración de recomendaciones para la preservación de ciudades históricas. Además, se llevaron a cabo más de trescientas acciones de divulgación, que incluyeron folletos, libros, videos y manuales, abordando tanto los aspectos tangibles como intangibles del patrimonio cultural latinoamericano (Mutal, 2001, p. 122; Mutal, 1995).
Los objetivos del programa se centraron en la conservación y restauración del patrimonio urbano, incluyendo monumentos y centros históricos; la promoción de la creación de capacidad institucional y la formación de recursos humanos para establecer redes comunitarias entre centros de conservación y museos; el establecimiento de centros de conservación en varios países para preservar y mejorar el patrimonio mueble; y la mejora del patrimonio cultural a través de la protección de la diversidad bio-cultural en diferentes ecosistemas.
¿Por qué el interés en el patrimonio urbano? Porque el crecimiento de las ciudades de América Latina estaba causando una enorme presión sobre la infraestructura urbana, que ya tenía serios problemas y que no podía responder adecuadamente a las necesidades de sus habitantes. Se tomó conciencia de los problemas de pérdida de componentes significativos de las ciudades, pero también de las posibilidades de rehabilitación de zonas centrales para proveer mejoras en la habitabilidad de esos centros.
El proyecto RLA/PNUD, que llegó a extenderse en la década de 1990 a África y Medio Oriente, buscó evolucionar hacia un enfoque interdisciplinario, precursor para la época, vinculando la conservación del patrimonio cultural con el desarrollo social y humano, y al ambiente, para hacerlo sostenible (Mutal, 2001). Ya no se trataría sólo de ver el edificio o monumento en forma individual, sino de concebirlo asociado a un contexto vivo para integrarlo a procesos de desarrollo urbano. Esto supuso entender que el patrimonio también está compuesto por valores intangibles (música, lenguaje, etc.), y que ese desarrollo incorpora actores diversos como las mujeres, los jóvenes y el sector privado, presentes en los postulados de Naciones Unidas (Koenz, 1989, p. 3).
Ese enfoque descansaba en las agendas de cohesión social de las organizaciones gubernamentales internacionales y ONG en todos los niveles, que colaboraron con el programa. La marcación en los proyectos de criterios vinculados a la gestión, la rendición de cuentas y la efectividad de costos, posibilitó, además, su inclusión en los planes financieros/económicos de aquellos organismos (Koenz, 1989).
El perfil del director y asesor técnico principal Sylvio Mutal, estaba alineado a aquellos preceptos. Ingeniero por la Universidad de Estambul, Mutal continuó sus estudios de Antropología y Desarrollo Social en Londres, París, Leiden y Santiago de Chile, iniciando su carrera en el Centro de Desarrollo de la Comunidad de la ONU/Pátzcuaro- México en 1963. Entre 1964 y 1968 fue director para América Latina de Cooperación Técnica de los Países Bajos con sede en Bogotá; fue además asesor mundial de Políticas Sociales y de la Juventud de la ONU en Nueva York entre 1968 y 1972, y representante residente del PNUD en Lima desde 1972 hasta 1976, año en que comenzó la ejecución del RLA/PNUD (Carrión, 2001, p. 268).
Tres conceptos cruzaron todo el desarrollo del RLA/PNUD que dirigió: conservación y manejo, dimensión cultural del desarrollo, y colaboración sur-sur, marcando una visión amplia e integral de la cultura y el patrimonio (Koenz, 1989, p. 8). El proyecto se caracterizó por su manejo descentralizado, con profesionales y equipos de y en distintos países del continente.
El patrimonio argentino y el RLA/PNUD
Del grupo inicial que acompañó a Mutal en el RLA/PNUD, participó el arquitecto Ramón Gutiérrez. Egresado de la Universidad de Buenos Aires en 1963, Gutiérrez se desempeñó como profesor titular de Historia de la Arquitectura en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), en Chaco, desde 1970. Ese mismo año fue becado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España. La obtención de la beca Guggenheim en 1973, le permitió conocer la realidad del patrimonio latinoamericano e integrar redes académicas y profesionales para trabajar a escala continental. Llegó a Cusco en 1975 contratado por UNESCO, en el marco de un programa de restauración y un sistema de cursos de posgrado para arquitectos, arqueólogos y restauradores que, a partir de 1976, se incorporaron a la agenda de capacitación del RLA/PNUD y que lo tuvieron como director (R. Gutiérrez, comunicación personal, mayo 21, 2024 y abril 4, 2025).
Cuando retornó a Argentina en 1977, Gutiérrez comenzó a potenciar su rol de agente activador en la conformación del campo de la conservación del patrimonio. Junto a colegas como Marina Waisman, Alberto de Paula, Federico Ortiz, Graciela Viñuales y Alberto Nicolini, entre otros, creó el Instituto Argentino de Investigaciones de Historia de la Arquitectura y el Urbanismo (IAIHAU). Esta institución se ocuparía a partir de 1978 de nuclear a profesionales vinculados a la historia y la preservación patrimonial de distintos puntos del país, de organizar jornadas y trabajo de campo para relevamiento de edificios, sitios y conjuntos, e impartir cursos de perfeccionamiento. A partir de la figura de Gutiérrez, el RLA/PNUD, financió entre 1978 y 1995 varias de esas actividades, en conjunto con la OEA, la UNESCO y organismos nacionales de España e Italia (Gutiérrez y Viñuales, 2022, p. 118).
El Instituto asumió como portavoz a la revista Documentos de Arquitectura Nacional y Americana (DANA)8, creada en 1973 por Gutiérrez y Ricardo Jesse Alexander en la UNNE. Impulsó también la investigación científica en el ámbito patrimonial, logrando que algunos de sus miembros se integraran como becarios, investigadores o técnicos9 al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), organismo del cual formaba parte Gutiérrez desde 1973. Además, varios miembros del IAIHAU fueron docentes en los cursos de posgrado organizados por la Universidad Católica de Córdoba en 1978 y 1979, enfocados en la historia y preservación del patrimonio, y en cursos posteriores impartidos en Chaco (1983) y Tucumán (1984), que tuvieron asistentes de Argentina, Colombia, Ecuador y Venezuela10.
El IAIHAU se incorporó a un conjunto de instituciones que impulsaban la consolidación del estudio patrimonial como un tema académico11. Tuvo entre sus antecedentes al Instituto de Arte Americano (IAA) de la Universidad de Buenos Aires, fundado en 1946 por el arquitecto Mario Buschiazzo, cuya trayectoria cimienta parte del recorrido que describimos en este artículo. A través de las redes que estableció con colegas de distintos países de América, Buschiazzo introdujo una mirada continental en el estudio de la arquitectura. Asimismo, formó investigadores en diversos campos e impulsó redes de trabajo a nivel internacional y nacional, que incluyeron a Gutiérrez, entre otros agentes que luego se sumaron al IAIHAU (Gutiérrez, 2004, pp. 11-42). Su labor pionera en la CNMMyLH como restaurador (Schávelzon, 2008, pp. 24-29), marcó un perfil técnico que hasta ese momento el organismo no tenía y que sería potenciado con la preeminencia de arquitectos en su conformación, a partir de la década de 1980.
Justamente a la red argentina de profesionales asociados al RLA/PNUD, se sumó el arquitecto Jorge E. Hardoy, una figura fundamental en la renovación de la concepción del patrimonio argentino y en su incorporación como variable urbana a partir de esos años. Graduado en la Universidad de Buenos Aires en 1950, Hardoy tuvo una destacada trayectoria a nivel nacional como internacional en planificación regional y urbana, y en la coordinación de equipos y redes12. Al regresar al país en 1979, inició su labor con la apertura del Instituto Internacional de Medio Ambiente y Desarrollo para América Latina (IIED-AL), en colaboración con el programa Human Settlements Programme, del cual había sido parte durante su exilio en Londres. Este proyecto contó con el apoyo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y la Sociedad Interamericana de Planificación (SIAP) (Monti, 2015, p.19).
Comenzó también a colaborar activamente con el IAIHAU, asumiendo la responsabilidad de la sección Historia Urbana en DANA (Gutiérrez, 1995; Gutiérrez y Viñuales, 2022, p. 200). En 1980, el IAIHAU lo nominó como disertante del Congreso de Preservación del Patrimonio organizado por la Sociedad Central de Arquitectos (SCA), la Federación Argentina de Sociedades de Arquitectos (FASA) y la revista Summa13, con el tema recuperación de los centros históricos.
A instancias de Gutiérrez, ese mismo año, Hardoy fue convocado por Mutal para integrarse al equipo del Proyecto Regional (R. Gutiérrez, comunicación personal, mayo 21, 2024).
Desde sus primeros trabajos, su trayectoria estuvo cruzada por el estudio de la conformación de las ciudades14. Su manejo enciclopédico sobre la ciudad histórica fue, en el contexto del RLA/PNUD, una herramienta para preservar la calidad de esos espacios urbanos. Además, había participado del Coloquio preservación de los Centros Históricos ante el crecimiento de las ciudades contemporáneas, organizado en el marco del Proyecto Regional de Patrimonio Cultural Andino, primera denominación del RLA/PNUD.
Del encuentro, que derivó en una serie de recomendaciones divulgadas en 1977 (AAVV, 1977), participaron también: Sylvio Mutal (NL, RLA/PNUD); Jorge Benavides Solís y Rodrigo Pallares (Ecuador); Alberto Corradine Angulo (Colombia); Ramón Gutiérrez y Alberto de Paula (Argentina), Antonio Cravotto (Uruguay); Carlos Flores Marini (México); José Correa y Roberto Samenez (Perú); Paulo de Azevedo (Brasil); Eliana Cárdenas y Juan García Prieto (Cuba); Cristina Damm, Alfonso Frías y Gustavo Medeiros Anaya (Bolivia); Rodrigo Márquez de la Plata (Chile) y Leonardo Benévolo (Italia). Este último a través de un escrito.
El primer trabajo que coordinó para el RLA/PNUD desde Argentina analizó el impacto de la urbanización en los centros históricos de América Latina, y sus resultados fueron divulgados en 1983 (Fig. 1). De esa indagación surgieron estudios específicos sobre los centros de Cusco, también publicado en 1983 (Fig. 2); Quito, editado en 1984 (Fig. 3)15; y Salvador de Bahía, que no llegó a publicarse.
Figuras 1, 2 y 3. . Publicaciones sobre centros históricos editadas por el RLA/PNUD. Fuente: Hardoy y dos Santos (1983a, 1983b, 1994) https://www.heritageanddevelopment.org/a.17.1.php
Las investigaciones tenían como propósito revelar las diversas maneras en que el proceso de urbanización afectaba la estructura física y socioeconómica de los centros históricos, así como reflexionar sobre medidas para mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Al mismo tiempo, instaban a preservar el patrimonio histórico, arquitectónico, urbanístico y cultural, y el tejido urbano en su conjunto.
En consonancia con los objetivos del RLA/PNUD, los centros históricos se entienden en esos trabajos como áreas sociales, económicas, culturales y urbanísticas, además de ser entornos que enfrentaban la presión de ciclos históricos cambiantes. Todo esto se valoraba según las características socioeconómicas y físicas de esos centros, lo que impulsaba a repensar y ampliar la definición de centro histórico, alejándose de una visión meramente monumental hacia enfoques más diversos para la preservación y rehabilitación de tejidos urbanos (Hardoy y dos Santos, 1983a).
El equipo interdisciplinario que coordinó estuvo integrado por el argentino Ramón Gutiérrez, el urbanista chileno Guillermo Geisse, el abogado mexicano Joaquín Álvarez, el antropólogo boliviano Jorge Dandler, el economista, también argentino, Alejandro Rofman y el sociólogo brasileño Mario dos Santos. También se unió al grupo la paisajista holandesa Berendina Coolman.
El vínculo previo de Hardoy con algunos miembros del equipo sugiere que pudo haber incidido en su conformación. Nos referimos a la participación de Rofman, cofundador con Hardoy del CEUR, y de Geisse, con quien había analizado las políticas de desarrollo urbano y regional en América Latina en una publicación editada por el SIAP, que compilaron en 1972.
Hardoy organizó en 1983, las Jornadas del IAIHAU en Horco Molle, Tucumán, en conjunto con el CEUR y CLACSO y potenció con equipos de esas instituciones, los trabajos sobre los centros históricos de Montevideo, Corrientes y Catamarca que estaban realizando los arquitectos Mariano Arana, Ramón Gutiérrez y Alberto Nicolini, respectivamente. El estudio buscaba definir un método de aproximación interdisciplinaria e integradora para el desarrollo de propuestas para mejorar esos centros (Gutiérrez y Viñuales, 2022, p. 200). La escala de centros históricos sobre la cual se trabajaba, comenzó a incorporar ciudades intermedias.
Con el retorno de la democracia, Hardoy fue convocado por recomendación de Gutiérrez, para presidir la CNMMyLH. Ejerció ese cargo hasta su fallecimiento en 1993.
Inicialmente, la Comisión estuvo guiada por historiadores. Durante varias décadas primó el criterio de valorizar bienes relacionados a los próceres y a los eventos y lugares en los que se desarrollaron hitos importantes del proceso de independencia, y aquellos vinculados a la herencia española (Collado, 2015).
Esas premisas cambiaron a partir de septiembre de 1984. Durante la gestión de Hardoy se buscó impulsar la federalización de la Comisión, designando delegados provinciales que informaran y presentaran propuestas de declaratorias sobre bienes desde sus provincias y promoviendo vínculos interinstitucionales públicos y privados (Pérez Winter, 2020, p. 71).
Se redefinieron categorías aplicadas por la CNMMyLH para reconocer los futuros patrimonios, entre ellas la de monumento que se amplió a la de centro histórico avanzando sobre la escala urbana; se agrandó el rango temporal al siglo XX y se reconoció la diversidad de expresiones materiales como resultado de procesos históricos, sociales y culturales asociadas a la extensión territorial argentina (Schávelzon, 2008, p. 275). Asimismo, se fomentó el involucramiento de las comunidades locales en los procesos de valoración de sus patrimonios mediante la participación de talleres barriales y escolares (Hardoy, 1989a). Se adelantaba con esta práctica al concepto de patrimonialización que acuñaría años más tarde la Antropología Social y que entiende al patrimonio como una representación que une y diferencia las culturas, y para lo cual es fundamental la activación, es decir, el aprecio social hacia un objeto que deviene así en bien patrimonial y que funciona como garantía de su conservación.
Permeó en la Comisión, un pensamiento común en los procesos latinoamericanos asociados al patrimonio cultural en los años ochenta y que cruzaban el Proyecto Regional, explicitados y puestos en marcha por el aporte conjunto de los nuevos integrantes de la CNMMyLH.
Efectivamente, durante los primeros años al frente de la Comisión, Hardoy estuvo acompañado por algunos de los integrantes del IAIHAU entre ellos Gutiérrez, junto a los arquitectos José María Peña, Federico Ortiz, Rodolfo Gallardo y Alberto Nicolini. Se sumaron al equipo el ingeniero Bernardini de la Dirección Nacional de Arquitectura; el ecólogo Jorge Morello, presidente de Parques Nacionales y la arqueóloga Ana María Lorandi, investigadora del CONICET. Se amplió la planta administrativa. (Gutiérrez y Viñuales, 2022, p. 215; Pérez Winter, 2020, p. 71).
Desde la CNMMyLH se organizaron cursos y exposiciones, se promovió la realización de inventarios y se impulsó sostenidamente la protección de centros y poblados históricos. En este período también se fomentó la creación de oficinas destinadas a la gestión del patrimonio en provincias y municipios, con asesoramiento de la Comisión (R. Gutiérrez, comunicación personal, mayo 21, 2024 y abril 4, 2025).
Entre agosto y noviembre de 1985, junto al IAIHAU y con el auspicio del RLA/PNUD, se dictó el Curso de preservación del patrimonio urbano y arquitectónico Centros y Poblados Históricos, destinado a arquitectos y planificadores, dirigido y dictado por Hardoy y Gutiérrez. El curso fue intensivo para los veintiún participantes provenientes de diferentes lugares del país y de Brasil, Colombia, Cuba, Ecuador y Uruguay. Las clases teóricas se dictaron abiertas a un cupo de sesenta asistentes y funcionaron talleres donde se realizaron proyectos integradores. Del equipo docente también participaron, entre otros, Rofman y dos Santos, integrantes del RLA/PNUD que habían trabajado sobre centros históricos latinoamericanos, a los que hemos referido (Gutiérrez y Viñuales, 2022, pp. 132-133).
Además, se desarrollaron trabajos de campo en San Vicente (provincia de Buenos Aires) y en el barrio de La Boca (Ciudad de Buenos Aires). En paralelo, se organizaron encuentros de debate y reflexión de los que fueron parte especialistas extranjeros como el uruguayo Mariano Arana y el quiteño Alfonso Ortiz Crespo (Gutiérrez y Viñuales, 2022, pp. 132-133).
El curso se ajustó a los objetivos del RLA/PNUD, sumándose a las directrices planteadas en los estudios de Quito y Cusco. Tuvo como objetivo generar conciencia sobre la importancia del patrimonio cultural, fomentando la participación de los asistentes para que se convirtieran en promotores de acciones para su protección e integración en la vida contemporánea. Entre los temas tratados, se incluyeron las características de los asentamientos históricos, los criterios generales de conservación y las estrategias de intervención sobre el patrimonio. También se abordaron cuestiones innovadoras para la especialidad en el país, y que denotan una mirada amplia sobre el patrimonio como la planificación de los centros históricos, la ecología, la calidad ambiental, la política de suelo y la economía urbana.
En octubre de 1986, con especialistas de vasta experiencia y profesionales en formación, desde la CNMMyLH se inició el desarrollo del capítulo argentino del Proyecto Regional, a través de un convenio entre el gobierno argentino y el PNUD (Hardoy, 1989b, p. 10).
Pueblos y ciudades históricas en Argentina
Argentina carecía de legislación que protegiera el patrimonio cultural y natural de pequeños pueblos históricos y de su entorno16. Tampoco existían investigaciones sistemáticas sobre sus características, o planes para su rehabilitación socioeconómica y físico-ambiental. El proyecto de investigación aplicada titulado “Elaboración de propuestas para la preservación y rehabilitación de pueblos y ciudades históricos”, buscó comenzar a saldar esas deudas (Hardoy et al, 1988, p. 102).
El plan comprendió tres fases. Las dos primeras, correspondieron al primer año de proyecto y se concentraron en los trabajos de inventario de los pueblos históricos ubicados en las regiones noroeste, noreste y centro del país. Sobre un total de 80 ejemplos remitidos desde las distintas provincias por los delegados de la CNMMyLH, se seleccionaron seis asentamientos para realizar los estudios de caso17. Para cada uno de ellos se organizó un equipo integrado por economistas, sociólogos, antropólogos, planificadores y arquitectos restauradores, bajo la supervisión de un coordinador regional, que sumaron un total aproximado de cincuenta integrantes distribuidos en los estudios de caso, trabajando en el proyecto. En la tercera fase se continuó el inventario con poblados ubicados en el sur del país (Hardoy, 1989b, p. 11).
Para el trabajo de campo la CNMMyLH diseñó una ficha tipo y una guía metodológica. El proyecto concretó a escala nacional el estudio de una tipología de patrimonio que venía siendo objeto de múltiples estudios históricos y cursos de formación en América Latina, resultado del impulso internacional, y difundió una dinámica de trabajo que, adaptada a otros tipos arquitectónicos, caracterizó durante las décadas siguientes el abordaje del patrimonio en Argentina. Esto implicó asociar la problemática patrimonial a su contexto socioeconómico y a su devenir histórico; proponer a las distintas escalas de organismos públicos legislación referida a la protección del patrimonio natural y cultural (de los poblados, pero a la vez del patrimonio en general); e identificar la factibilidad para generar proyectos, definiendo montos de inversión y organismos intervinientes, como respuestas concretas a las necesidades de la población vinculada a esos patrimonios. Pero también, enlazar el patrimonio al proyecto urbano, entendiéndolo como elemento constitutivo de las ciudades sobre el cual era posible planificar (Fig. 4, 5 y 6).
Figura 4. Identificación de bienes y tipos constructivos para el caso Villa Atuel (Mendoza). Fuente: Cirvini, S., Ponte, R. et al (1988). Estudio de caso: Villa Atuel-San Rafael- Mendoza. Proyecto RLA/PNUD- CNMMyLH.
Figura 5. Ejemplo de ficha de sitio para el caso Villa Atuel (Mendoza). Fuente: Cirvini, S., Ponte, R. et al (1988). Estudio de caso: Villa Atuel-San Rafael- Mendoza. Proyecto RLA/PNUD- CNMMyLH.
Figura 6. Ejemplo de ficha de sitio para el caso Villa Atuel (Mendoza). Fuente: Cirvini, S., Ponte, R. et al (1988). Estudio de caso: Villa Atuel-San Rafael- Mendoza. Proyecto RLA/PNUD- CNMMyLH.
Como parte del proyecto, en junio de 1988, se realizó en Corrientes, el Seminario Latinoamericano sobre Poblados Históricos, y se publicaron trabajos en revistas especializadas, entre ellas DANA y la revista de la SCA, y en los Boletines de la Comisión, para difundir la temática y la metodología en el campo profesional. También se elaboraron anteproyectos de legislación que la CNMMyLH presentó a diversos gobiernos provinciales (Hardoy, 1989b, p. 11).
Un año después, se difundió la temática en la revista Medio Ambiente y Urbanización18 y el RLA/PNUD publicó un manual basado en el proyecto argentino para el análisis de poblados históricos, dirigido a profesionales, técnicos y a la comunidad local. Esta iniciativa de participación comunitaria tenía un doble objetivo: recopilar información de manera sistemática y, a través de la reflexión colectiva, analizar y proponer soluciones a los problemas de infraestructura, ambientales, económicos, entre tantos, que afectaban a estos poblados. El manual instaba a reconocer potencialidades del sitio de manera de incorporar en los futuros proyectos los bienes y servicios que beneficiaran a la población y su economía (Arrossi et al, 1989) (Fig. 7).
Como corolario de este tramo en la conformación del campo de la conservación en Argentina, las Subsecretarías de Cultura, y de Urbanismo y Vivienda de la provincia de Buenos Aires firmaron en 1990 un convenio con el IIED-AL del cual participaban Hardoy y varios de los profesionales que habían tomado las capacitaciones, para realizar un estudio de los pueblos históricos de la provincia. Este proyecto se fundamentó en la aplicación de aquel manual específico y en la capacitación de un equipo local (Facciolo, 1998).
Los objetivos generales de la experiencia eran poner en marcha y ayudar a consolidar un grupo de miembros de la comunidad pertenecientes a instituciones gubernamentales y no gubernamentales como así también pobladores, para realizar un diagnóstico de la situación general de cada pueblo (edilicio, social, cultural, económico) y elaborar proyectos y estrategias de acción para su rehabilitación integral. Además, la experiencia serviría para ajustar la metodología propuesta. Como resultado directo, Capilla del Señor, localidad de Exaltación de la Cruz, recibió la declaración de su centro histórico como bien de interés histórico nacional, mediante el Decreto N° 1648/94. El pedido de protección surgido de la misma población y apoyado por especialistas, consolida para este caso el círculo de sostenibilidad pensado en los orígenes del RLA/PNUD.
Discusión: Patrimonio urbano y redes de formación
Este artículo constituye un primer acercamiento al estudio del vínculo entre cooperación internacional, redes y prácticas asociadas al campo del patrimonio cultural urbano en Argentina. Intentamos establecer la línea conceptual y de acción que desde el RLA/PNUD se fijó para los países participantes, respecto del patrimonio y las estrategias para salvaguardarlo.
La acción de preservación de la cultura material buscó incorporar la preocupación por la calidad de vida de sus habitantes. Para aumentar el promedio de durabilidad de la arquitectura hubo que entender las cuestiones demográficas, económicas, de infraestructura de servicios y de acceso a bienes e ingresos, es decir todas aquellas variables asociadas al fenómeno urbano. Incluso se comenzó, en el marco de la participación comunitaria que impulsaban los organismos internacionales, a tener en cuenta la selección de elementos que valoraban los pobladores, como mirada complementaria a la de los especialistas.
El interés pasó paulatinamente, de los grandes centros urbanos, a las ciudades intermedias y a los pueblos pequeños. La potencialidad del RLA/PNUD estuvo en las redes de relaciones a nivel continental, pero sobre todo en las de escala local que permitieron abordar lo comunal y extenderse en el territorio. Se trató de un despliegue de dinámicas colectivas colaborativas de instituciones y profesionales con trayectorias individuales destacadas.
De los cursos y del elenco de profesores e investigadores que promovió Mutal a través del RLA/PNUD, surgió buena parte de la generación de expertos que, en el campo de la arqueología, la arquitectura y la restauración actuó en las últimas décadas del siglo XX y las primeras de este siglo en América Latina y particularmente en Argentina. En total, el programa supuso la formación de 4000 profesionales y multiplicó la disponibilidad de espacios de formación en el continente. La cooperación vertical impulsada desde el RLA/PNUD fue la más destacada respecto de la valoración del patrimonio en la segunda mitad del siglo XX en el continente.
En Argentina, dos referentes intervinieron en esta red de formación alimentando la cooperación horizontal, Gutiérrez y Hardoy. Ambos, con trayectorias ancladas en la historia y el patrimonio uno, y en la planificación el otro, incorporaron estrategias de integración de equipos y de formación continua de sus miembros adaptando criterios internacionales a casos locales. En la intersección de sus perfiles, el patrimonio cultural en Argentina comenzó a reconfigurarse, ofreciendo la posibilidad de constituirse en un valor esencial no sólo asociado a la riqueza histórica de las ciudades, sino también a las posibilidades de su rehabilitación y desarrollo.
