Dossier Temático
Configuración espacial: movilidad, desigualdad y poder, en un contexto neoliberal. El caso del campus de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) en Resistencia, Chaco, Argentina
Spatial Configuration: Mobility, Inequality, and Power in a Neoliberal Context. The Case of National Northeast University Campus in Resistencia, Province of Chaco, Argentina
Configuración espacial: movilidad, desigualdad y poder, en un contexto neoliberal. El caso del campus de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) en Resistencia, Chaco, Argentina
A&P continuidad, vol. 12, no. 22, pp. 87-98, 2025
Universidad Nacional de Rosario

Received: 03 March 2025
Accepted: 06 June 2025
Resumen: Este estudio aborda la movilidad urbana en América Latina desde una perspectiva interdisciplinaria, anclada en las ciencias sociales, los estudios urbanos y la geografía crítica. Se propone ir más allá de los enfoques centrados en la infraestructura para entender la movilidad como un fenómeno que reproduce desigualdades y relaciones de poder. El objetivo es analizar críticamente cómo el diseño espacial del campus de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), en Resistencia (Chaco), refuerza mecanismos de exclusión social y disciplinamiento. A partir de los aportes teóricos de Michel Foucault y Paola Jirón, se interpreta la organización del campus –prioritariamente orientada a la circulación vehicular– como una estructura que genera jerarquías espaciales, marginando a peatones y personas con movilidad reducida. Esta configuración se entiende como una forma de violencia simbólica, en la que ciertos cuerpos y prácticas urbanas son invisibilizados. En línea con Foucault, se considera que el espacio actúa como un dispositivo de control que normaliza la desigualdad. Finalmente, se relaciona esta dinámica con el avance del modelo neoliberal, que promueve la privatización del espacio público y la dependencia del automóvil, intensificando la fragmentación urbana.
Palabras clave: movilidad, campus, espacio, exclusión, control social.
Abstract: This study explores urban mobility in Latin America from an interdisciplinary perspective rooted in social sciences, urban studies, and critical geography. It seeks to move beyond infrastructure-focused approaches to understand mobility as a phenomenon that reproduces power relations and social inequalities. The aim is to deal with a critical analysis of the way in which the spatial design of the National Northeast University Campus in Resistencia, Province of Chaco, reinforces mechanisms of social exclusion and discipline. Drawing on the theoretical contributions of Michel Foucault and Paola Jirón, the study examines how a campus layout primarily designed for vehicular circulation creates spatial hierarchies that marginalize pedestrians and people with reduced mobility. This configuration is understood as a form of symbolic violence through which certain urban actors become invisible. In line with Foucault’s concept of disciplinary space, the campus is seen as a control device that naturalizes inequality. Finally, such dynamic is linked to broader effects of the neoliberal model promoting both privatization of public space and reliance on cars, thereby deepening urban fragmentation.
Keywords: mobility, campus, space, exclusion, social control.
Introducción
“La movilidad cotidiana urbana es uno de los fenómenos más complejos y relevantes de las configuraciones y organizaciones espaciales contemporáneas” (Jirón, Lange y Bertrand, 2010, p. 15).
Este trabajo se centra en el análisis del campus UNNE (Universidad Nacional del Nordeste) en Resistencia, Argentina, como un modelo a pequeña escala que visibiliza las dinámicas de poder y desigualdad inherentes a la movilidad urbana en contextos latinoamericanos. Se examina cómo la organización espacial del campus, dominada por la circulación vehicular y la jerarquización de los espacios, reproduce y refuerza estructuras de control y exclusión social. Este estudio, resultado de un trabajo realizado en el marco de una tesis titulada Ordenamiento del Campus UNNE en Resistencia (Aguilera, Ferreyra e Ibarra Molas, 2022) y un seminario de posgrado denominado: Antropología urbana teorías conceptos y etnografías (2024), del Doctorado en Urbanismo, de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional del Nordeste, dictado por el Dr. Segura, se propone desentrañar una primera aproximación a las complejas interacciones entre la planificación urbana, la infraestructura vial, y las prácticas de movilidad cotidianas de los distintos actores que conforman la comunidad universitaria. Para este análisis, se utilizan principalmente las perspectivas teóricas de Michel Foucault (1975), particularmente su análisis del poder disciplinario y la biopolítica, y de Paola Jirón (2007, 2010 et al, 2018, 2021, 2024), cuyos trabajos sobre movilidad y género en América Latina aportan una valiosa perspectiva crítica para comprender las desigualdades en el acceso y uso del espacio público. A través de este análisis, se busca contribuir a una comprensión más profunda de las relaciones entre poder, espacio y movilidad en el contexto urbano contemporáneo, ofreciendo una perspectiva crítica sobre las implicaciones sociales y ambientales de las políticas de movilidad actuales.
Marco teórico: movilidad, poder y desigualdad
Este trabajo se apoya en un enfoque teórico que articula los aportes de Michel Foucault (1975, 2007) y Paola Jirón (2004, 2007, 2010 et al, 2018, 2021, 2024) para abordar las relaciones entre espacio, movilidad y poder en contextos urbanos.
Desde la perspectiva de Foucault (1975, 2007), el espacio no es neutral, sino un dispositivo de poder que organiza, vigila y disciplina los cuerpos. Su concepto de poder disciplinario permite entender cómo las configuraciones espaciales –como el diseño de un campus universitario– pueden regular comportamientos, naturalizar jerarquías y excluir a ciertos grupos sociales. Asimismo, su noción de biopolítica permite comprender cómo la organización del espacio influye en la vida cotidiana, gestionando a las poblaciones mediante normas invisibles.
Por su parte, los aportes de Jirón (2007, 2010 et al, 2018, 2021, 2024) resultan fundamentales para incorporar una visión crítica sobre la movilidad urbana como fenómeno social atravesado por desigualdades estructurales. Su concepto de violencia simbólica aplicada a la movilidad destaca cómo ciertos cuerpos –peatones, personas con discapacidad, mujeres, personas de bajos ingresos– son sistemáticamente invisibilizados o excluidos del diseño urbano dominante, centrado en el automóvil y el consumo.
Desde esta perspectiva, la movilidad no se reduce al desplazamiento físico, sino que expresa relaciones de poder y desigualdad inscritas en la materialidad del espacio. La infraestructura, los usos del suelo, los accesos y circulaciones son parte de una lógica de exclusión que reproduce una ciudad y como consecuencia un campus fragmentado, donde solo ciertos sujetos tienen garantizado el derecho a moverse libremente.
Este marco encuentra respaldo en investigaciones desarrolladas en el ámbito de la UNNE que abordan la movilidad cotidiana desde una perspectiva territorial crítica. Por ejemplo, Rey (2015a, 2015b) analiza la estructura urbana de Resistencia evidenciando cómo las configuraciones del espacio limitan la accesibilidad y profundizan la segregación socioespacial. En el mismo sentido, González (2018) examina las desigualdades sociales en la movilidad urbana en Resistencia, incorporando los aportes de la geografía crítica para revelar las lógicas de exclusión en la configuración del territorio. A nivel institucional, la tesis de grado realizada por Aguilera, Ferreyra e Ibarra Molas (2022) sobre el ordenamiento del campus de Resistencia aporta datos fundamentales sobre circulación, accesibilidad y vegetación, constituyéndose en una fuente clave para entender las dinámicas espaciales del campus desde una mirada contextualizada y situada.
Este marco teórico permite leer críticamente el caso del campus universitario de Resistencia como un caso ejemplo, de cómo estas lógicas se manifiestan también en escalas institucionales, evidenciando que los espacios educativos no están exentos de reproducir las desigualdades del entorno urbano.
Metodología
Este estudio adopta un enfoque cualitativo con una estrategia metodológica basada en el análisis de caso. El objeto de estudio es el campus Resistencia de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), seleccionado por su representatividad en las dinámicas espaciales, de movilidad y exclusión que caracterizan a contextos urbanos latinoamericanos.
La recolección de datos se realizó mediante diversas técnicas complementarias: por ejemplo, mediante la observación directa en el espacio físico del campus para identificar patrones de movilidad y accesibilidad; de igual modo, el relevamiento fotográfico de infraestructuras relacionadas con la movilidad, incluyendo espacios peatonales, vías vehiculares, accesos para personas con movilidad reducida. Se desarrolló asimismo el análisis documental de mapas técnicos y datos provenientes del trabajo académico titulado Ordenamiento del Campus UNNE de Resistencia (Aguilera, Ferreyra e Ibarra Molas, 2022), disponible en el Repositorio Institucional de la UNNE. Este documento aporta información clave sobre la circulación, accesibilidad y vegetación del campus, constituyendo la principal fuente primaria para la comprensión de la configuración espacial. Se llevó a cabo la revisión bibliográfica especializada que sustenta el análisis conceptual y teórico.
El trabajo se enmarca en la tesis de grado mencionada anteriormente y en la experiencia formativa desarrollada en el seminario de posgrado Antropología urbana: teorías, conceptos y etnografías (2024), perteneciente al Doctorado en Urbanismo de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la UNNE. Esta formación contribuyó a fortalecer el enfoque interdisciplinario y crítico del análisis.
Para el tratamiento de los datos, se utilizó un enfoque interpretativo fundamentado en marcos teóricos que abordan la movilidad urbana, el poder y la desigualdad social. En particular, se aplicaron los conceptos de poder disciplinario y biopolítica de Michel Foucault (1975), así como las nociones de violencia simbólica y exclusión espacial desarrolladas por Paola Jirón (2004, 2007, 2021). La triangulación entre las observaciones de campo, los datos de los planos técnicos del campus universitario y análisis de figuras 2 a 7, y la bibliografía permitió construir un análisis integral y contextualizado, que vincula la configuración espacial del campus con las dinámicas sociales y políticas subyacentes.
Desigualdades en la movilidad urbana y el neoliberalismo: un contexto latinoamericano
El modelo neoliberal, con su énfasis en la privatización, la mercantilización del espacio público y la desregulación del mercado, ha tenido un impacto profundo y a menudo negativo en las políticas urbanas de América Latina.
La priorización del automóvil como medio de transporte, impulsada por intereses económicos y políticas que favorecen la industria automotriz, ha contribuido a la creación de ciudades fragmentadas y desiguales en términos de acceso a la movilidad. Las áreas suburbanas, en particular, se han caracterizado por una creciente dependencia del vehículo particular, generando problemas de congestión, contaminación ambiental y una mayor desigualdad en el acceso a oportunidades, educación y empleo.
Esta dependencia del automóvil, además, exacerba la segregación socioespacial, ya que limita la movilidad de las personas que no pueden acceder a un vehículo propio, perpetuando así las desigualdades existentes. Como señala Jirón (2007), la movilidad urbana está profundamente atravesada por factores socioeconómicos que determinan las posibilidades reales de desplazamiento, y las personas de menores ingresos suelen depender de modos no motorizados o transporte público insuficiente. En este sentido, la escasa inversión en sistemas de transporte público eficientes, seguros y accesibles, combinada con la priorización de infraestructura vial orientada al automóvil, ha contribuido a la marginación de los grupos sociales más vulnerables y a la restricción de sus oportunidades de participación en la vida urbana (Kralich, 2002).
Desde esta perspectiva, el análisis del campus de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) constituye un caso significativo para observar cómo las dinámicas de poder y las desigualdades sociales se constituyen en la configuración del espacio y las prácticas cotidianas de movilidad, incluso en escalas territoriales reducidas. El diseño urbano que favorece el automóvil no solo dificulta la movilidad peatonal y ciclista, sino que también refuerza un modelo de ciudad excluyente, en el cual el acceso al espacio está mediado por la capacidad de consumo y propiedad vehicular.
En este contexto, el campus UNNE de Resistencia, Chaco, como pudo verificarse en el análisis, no es ajeno a las dinámicas neoliberales. La organización espacial del campus, con su enfoque vehicular (Figs. 3, 4, 5, 6, 7 y 8), reproduce las estructuras de exclusión y desigualdad que caracterizan a las ciudades neoliberales. La mercantilización del espacio se manifiesta en la creciente presencia de estacionamientos (Fig. 3, 4, 5), que limitan el espacio público para los peatones y promueven la dependencia del automóvil. La privatización de los servicios públicos, como el transporte, se evidencia en la falta de un sistema de transporte público eficiente que conecte el campus universitario con otras áreas de la ciudad. La exclusión de los grupos más vulnerables, como los peatones, se manifiesta en la dificultad de acceder a un transporte privado y en la falta de alternativas de transporte público accesibles. Las mencionadas afirmaciones se desarrollan en profundidad a través del desarrollo de este trabajo (Fig.1).

El campus UNNE como espacio de poder: un análisis espacial de la movilidad

El campus UNNE, situado en el sector sudoeste de Resistencia, alberga las unidades académicas de las facultades de Ingeniería; Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FAU); Humanidades y Ciencias Económicas.
La configuración espacial del campus universitario evidencia una priorización del vehículo motorizado, tal como se puede observar en las figuras 3, 4, 5, 6 donde se representan amplias avenidas internas, más de una decena de estacionamientos distribuidos en puntos estratégicos y una infraestructura vial pensada principalmente para el automóvil. En contraste, la infraestructura destinada a peatones es visiblemente reducida, con escasos senderos formales, cruces mal señalizados y una débil conexión entre las distintas áreas del campus. Esta disposición no es neutral: responde a una lógica de jerarquización del espacio que, como plantea Foucault (1975), opera mediante mecanismos sutiles de control y normalización, al determinar quién puede circular cómodamente y quién queda expuesto a condiciones adversas. En este contexto, el espacio vehicular funciona como un dispositivo que estructura prácticas cotidianas –quién llega más rápido, con más seguridad o mayor autonomía– y produce efectos diferenciales sobre los cuerpos y su movilidad. Como señala Jirón (2007), estas formas de diseño urbano tienden a favorecer a quienes acceden al transporte privado, mientras relegan a quienes se desplazan a pie o en bicicleta, sectores que además suelen coincidir con una menor capacidad económica. Así, el trazado espacial del campus no sólo refleja, sino que también reproduce relaciones de poder y desigualdad, condicionando el acceso efectivo al espacio universitario.
La organización del espacio urbano –y particularmente la configuración espacial del campus universitario de la UNNE y sus accesos inmediatos– se convierte en un instrumento que naturaliza y refuerza las desigualdades sociales preexistentes, al priorizar ciertos modos de movilidad sobre otros. Como evidencian los planos tomados del Plan de Ordenamiento del Campus (Figs. 3, 4, 5, 6, 7 y 8), la distribución del espacio privilegia el tránsito vehicular privado mediante una red de avenidas internas y numerosos estacionamientos, en contraste con la limitada infraestructura destinada a peatones o ciclistas. Esta disposición restringe el acceso equitativo al espacio universitario, especialmente para quienes dependen de modos de transporte no motorizados, vinculados –según Jirón et al (2010)– a sectores sociales que no cuentan con vehículo propio. En este sentido, las decisiones de diseño y planificación espacial inciden directamente en la posibilidad de ejercer el derecho a la movilidad en condiciones de seguridad, dignidad y equidad, reproduciendo así formas de exclusión espacial en un entorno que, en principio, debería garantizar inclusión y accesibilidad.




La ausencia de senderos peatonales seguros y claramente definidos, la falta de señalización accesible, así como las velocidades vehiculares permitidas en el interior del campus, configuran un entorno adverso para la circulación peatonal. Esta situación se evidencia en los relevamientos del Plan de Ordenamiento del Campus UNNE (Aguilera et al., 2022), donde se observa una notable priorización del espacio destinado al automóvil, tanto en términos de superficie como de infraestructura. Como sostiene González (2018), este tipo de configuración urbana responde a una lógica de planificación excluyente que reproduce fragmentaciones socioespaciales, al desincentivar formas de movilidad no motorizadas, más comunes entre sectores de menores ingresos. En esta misma línea, Jirón (2007, 2021) señala que la falta de accesibilidad peatonal no solo afecta el desplazamiento cotidiano, sino también la posibilidad de ejercer el derecho al espacio público, restringiendo oportunidades de interacción social, apropiación del entorno y participación en la vida urbana. A su vez, la escasa articulación entre las distintas áreas del campus universitario refleja una fragmentación funcional que, como observa Rey (2015a, 2015b), impacta negativamente en la equidad del acceso a servicios, instalaciones y dinámicas académicas, consolidando un modelo de movilidad segregado y jerarquizado. Así, el diseño espacial no solo organiza flujos, sino que materializa relaciones de poder que legitiman formas desiguales de habitar el espacio.
En este marco, el diseño espacial deja de ser una cuestión meramente técnica para convertirse en un reflejo y a la vez en un reproductor de las relaciones de poder que atraviesan la vida urbana contemporánea. Comprender la movilidad desde esta perspectiva crítica permite visibilizar las implicancias sociales y ambientales de las políticas de planificación urbana, especialmente en contextos donde el acceso al espacio público está condicionado por la capacidad de consumo y la posesión de un vehículo particular.


Tipos de violencia espacial en el campus universitario UNNE, en Resistencia (Chaco)
La configuración espacial del campus UNNE no sólo refleja, sino que activamente perpetúa desigualdades en la movilidad y reproduce diferentes formas de violencia espacial, tal como lo describe el trabajo de Paola Jirón (2004) sobre la espacialidad y sus implicaciones sociales. Este análisis profundiza en las manifestaciones de violencia simbólica, social y ambiental presentes en el campus, explorando sus mecanismos y consecuencias.
Violencia simbólica: la invisibilización del peatón
La violencia simbólica en el ámbito universitario del campus UNNE, se manifiesta mediante la sistemática invisibilización de los peatones, quienes son relegados a un rol subordinado en la organización espacial del campus (Figs. 3, 4, 5, 6, 7 y 8). La evidente priorización del automóvil, reflejada en el diseño de la infraestructura vial y la distribución del espacio, establece una jerarquía simbólica que desvaloriza las formas de desplazamiento no motorizadas. Esta configuración espacial no es neutral: transmite el mensaje implícito de que el campus está concebido principalmente para quienes poseen vehículos particulares, excluyendo a quienes dependen de la movilidad peatonal.
En su análisis más reciente, Jirón (2024) sostiene que la movilidad urbana se encuentra atravesada por múltiples dimensiones sociales –como el género, la clase y la etapa del ciclo de vida– que configuran experiencias desiguales de desplazamiento. En este sentido, la forma en que se organiza el espacio universitario contribuye activamente a reproducir dichas desigualdades, al fomentar un entorno físico que desincentiva y desprotege la circulación peatonal.
Esta afirmación se sustenta tanto en la observación empírica –como se muestra en la figura 3, donde el espacio peatonal es invadido progresivamente por vehículos– como en la normativa institucional vigente. La Resolución N.º 662/13 del Consejo Superior de la Universidad Nacional del Nordeste establece un régimen vehicular para el campus que busca “garantizar la seguridad, accesibilidad y comodidad de los peatones”, promoviendo la convivencia segura entre medios de transporte y priorizando la circulación a pie (Universidad Nacional del Nordeste, 2013). Sin embargo, la implementación práctica de esta resolución resulta deficiente: el entorno continúa careciendo de senderos adecuados, señalización clara, cruces peatonales seguros y mobiliario urbano mínimo (Aguilera, Ferreyra e Ibarra Molas, 2022), elementos que son indispensables para una movilidad inclusiva.
La ausencia de estas condiciones refuerza la exclusión cotidiana de quienes se desplazan a pie, obligándolos a compartir el espacio con vehículos en movimiento en un entorno hostil que desatiende su seguridad y bienestar. Esta omisión genera una percepción de inseguridad e invisibilidad que opera como una forma persistente de violencia simbólica.
Tal como afirma Jirón (2024), este tipo de violencia produce lo que denomina una “desigualdad invisible”, en la cual los peatones son tratados como ciudadanos de segunda clase dentro del espacio universitario. La ausencia de infraestructura inclusiva y la falta de consideración por sus necesidades básicas constituyen una forma de exclusión simbólica que transmite un mensaje contundente: su presencia en el campus no es valorada ni priorizada.
Violencia social: la exclusión de grupos vulnerables
La violencia social en el contexto universitario del Campus UNNE de Resistencia se manifiesta, entre otras formas, en las desigualdades de acceso a los recursos y servicios institucionales, afectando especialmente a colectivos históricamente marginados. Este fenómeno resulta particularmente evidente en el caso de las personas con discapacidad física o motriz, quienes enfrentan múltiples barreras, tanto materiales como simbólicas, que restringen su derecho a participar plenamente de la vida universitaria.
La ausencia de condiciones de accesibilidad universal –tal como se documenta en la figura 4, donde se evidencian rampas en estado deficiente o directamente inexistentes– constituye una expresión concreta de exclusión estructural. Esta situación no puede reducirse a una mera omisión técnica, sino que debe interpretarse como un indicador de cómo el entorno construido reproduce jerarquías corporales y modos hegemónicos de desplazamiento. Tal como advierten Imrie y Hall (1999), la arquitectura y el urbanismo convencionales han sido históricamente diseñados en función de un cuerpo normativo, funcional y autónomo, lo cual produce una forma de exclusión sistemática hacia las corporalidades que se desvían de ese ideal.
En esta línea, Jiron et al (2010) sostienen que la inaccesibilidad del espacio urbano no debe concebirse como una excepción, sino como una manifestación de las lógicas estructurales de desigualdad que organizan dicho espacio. La infraestructura universitaria, al omitir condiciones mínimas de accesibilidad, delimita de manera implícita qué cuerpos son reconocidos como legítimos usuarios del campus. De este modo, se configura una forma de violencia simbólica persistente, en la que la falta de adecuaciones funcionales comunica –a través de su propia ausencia– una jerarquización excluyente del habitar universitario.
En esta misma línea, Jirón (2021) argumenta que la accesibilidad no solo es un requisito fundamental para la integración de los individuos en el entorno urbano, sino que también refleja una estructura de poder que margina a los grupos vulnerables. La falta de infraestructura adecuada para la movilidad peatonal, la insuficiencia de servicios de transporte público accesibles, y la carencia de instalaciones básicas como baños adaptados, bebederos o zonas de descanso, contribuyen significativamente a la exclusión de las personas con discapacidad, restringiendo su capacidad para participar plenamente en las actividades académicas y sociales dentro del campus.
La violencia social (Jirón, 2021), que surge de la falta de accesibilidad identificada, no debe ser considerada simplemente como una cuestión de comodidad, sino como una forma de exclusión estructural que afecta directamente el acceso de los grupos vulnerables a los mismos derechos y oportunidades que los demás miembros de la comunidad universitaria. Esta violencia estructural se reproduce a través de la organización física del espacio, que no contempla las necesidades específicas de aquellos que enfrentan limitaciones en su movilidad.
La invisibilización de las necesidades de estos grupos, no sólo obstaculiza su bienestar físico, sino que también comunica un mensaje simbólico claro: los satisfactores para sus demandas no son prioritarias en el diseño del entorno universitario. En este sentido, como afirma Jirón (2021), la accesibilidad universal debe entenderse como un derecho inalienable que permite la participación equitativa en la vida universitaria y garantiza la inclusión de todos los estudiantes y agentes del campus, independientemente de sus condiciones físicas.
En conclusión, la violencia social experimentada por las personas con discapacidad dentro del campus universitario va más allá de una cuestión de falta de comodidad. Es una manifestación de desigualdad estructural que limita el acceso a la educación, profundiza las barreras sociales y perpetúa la marginalización de los grupos vulnerables, lo que dificulta su integración plena en el entorno académico.
Reflexiones finales
El análisis del campus de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) en Resistencia ha puesto de manifiesto las complejas dinámicas que subyacen en la relación entre movilidad urbana, poder y modelo neoliberal en el contexto de América Latina. La configuración espacial del campus, cuya estructura prioriza principalmente la circulación vehicular, no solo refleja una organización urbana centrada en el automóvil, sino que también reproduce y refuerza sistemas de control social, exclusión y violencia espacial. Estas características evidencian cómo el modelo neoliberal influye en el diseño y la gestión de los espacios públicos, consolidando una ciudad fragmentada, donde las diferencias socioeconómicas se traducen en accesos desiguales a los recursos, incluido el derecho a la movilidad.
Desde una perspectiva crítica y apoyándose en los aportes teóricos de Michel Foucault y Paola Jirón, el campus universitario emerge como un espacio institucional en el que se materializan relaciones de poder y jerarquías espaciales. Al privilegiar el tránsito vehicular, se establecen barreras físicas y simbólicas que dificultan la integración de quienes no tienen acceso a vehículos privados, reforzando estructuras de desigualdad urbana. La violencia espacial –entendida como la forma en que la planificación y organización del espacio afectan de manera desproporcionada a ciertos grupos sociales– se vuelve una característica estructural de este entorno universitario, reflejando problemáticas propias de muchas ciudades latinoamericanas.
Así, el campus universitario funciona como un microterritorio paradigmático donde se reproducen dinámicas urbanas de exclusión social, mercantilización del espacio y segmentación funcional. La movilidad deja de ser un fenómeno técnico para convertirse en un terreno central de disputa por el derecho a la ciudad. La invisibilización de peatones, la falta de accesibilidad universal y la subordinación de los modos alternativos de transporte ponen en evidencia una lógica de diseño centrada en el consumo y en la propiedad privada, que margina a los sectores más vulnerables.
La investigación sobre movilidad urbana y poder en el contexto latinoamericano está en permanente evolución. El impacto del modelo neoliberal en la organización espacial sigue siendo un campo clave de estudio, especialmente al considerar cómo las políticas urbanas perpetúan la desigualdad y la segregación. La manera en que las ciudades –y los espacios institucionales dentro de ellas– se configuran expresa la distribución desigual de oportunidades, riqueza y acceso a servicios. En este sentido, el análisis del campus UNNE de Resistencia no solo visibiliza una problemática específica, sino que aporta una mirada crítica y extrapolable a otros territorios educativos y urbanos.
Las propuestas de transformación del campus pueden funcionar como punto de partida para repensar políticas urbanas inclusivas y sostenibles, tanto en otras universidades como en la ciudad en general. La intervención sobre estos espacios tiene un impacto que trasciende lo académico: afecta al entorno urbano inmediato y a la calidad de vida de sus habitantes. Impulsar modelos que prioricen la movilidad peatonal, el transporte público accesible y el diseño inclusivo es apostar por una ciudad más justa, democrática y ambientalmente responsable.
Transformar el campus universitario desde una perspectiva crítica de la movilidad implica asumir que el diseño del espacio es también una práctica de transformación y nueva visión urbana. Reconocer y corregir las desigualdades que se materializan en la organización del entorno cotidiano es un paso fundamental hacia un urbanismo que promueva la equidad, la sostenibilidad y la inclusión como pilares de la vida urbana.
En definitiva, para que el mencionado espacio universitario, evolucione hacia un espacio más justo, inclusivo y sostenible, es necesario replantear su organización desde una perspectiva que valore y favorezca a los peatones, a los usuarios del transporte público y a quienes no dependen de vehículos privados. Un rediseño que contemple la accesibilidad universal, el respeto al medio ambiente y la creación de espacios públicos que fomenten la convivencia social resulta fundamental para superar las barreras actuales. La universidad, como institución pública, tiene la oportunidad y la responsabilidad de convertirse en referente de un modelo urbano más equitativo, donde la movilidad sea comprendida como un derecho y no como un privilegio.
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CÓMO CITAR: Ferreyra, F. C. y Romagnoli, V. (2025). Configuración espacial: movilidad, desigualdad y poder, en un contexto neoliberal. El caso del campus de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) en Resistencia, Chaco, Argentina. A&P Continuidad, 12(22), doi: https://doi.org/10.35305/23626097v12i22.519
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